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La Bienal: El amor se ha ido pero la herida cicatrizará

Bajo el nombre “El amor se ha ido pero la herida cicatrizará”, el artista coreano Lee Yongbaek agrupa una serie de trabajos que sintetizan su carrera desde el inicio de los años 90 y que representaron la escena del arte contemporáneo de su país en la apenas clausurada 54 Bienal de Arte de Venecia.

Lee, nacido en Corea en 1966, ha trabajado consistentemente en Corea y el extranjero, usando tecnología diferente, desde instalaciones de video, sonido, arte cinético (esculturas en movimiento) o robótico (aquel que utiliza artefactos que realizan funciones humanas). Una característica del trabajo de Yongbaek es que refleja los problemas políticos y culturales de nuestra era, interpretados y esculpidos a su modo, como si de un poema en tres dimensiones se tratase. Video-arte, escultura o pintura sirven a Lee Yongbaek de medio para transmitirnos las sensaciones de un conflicto, un problema social o las incongruencias de la religión.

El exterior del pabellón coreano dejaba intuir lo que nos encontraríamos una vez dentro. ¿Una escultura que pelea contra su molde? Sí, Lee ha querido reflejar el oscuro barbarismo de la civilización en esta peculiar escultura (Pieta: Self-hatred, en español La Piedad: odío a si misma) en la que la creación lucha contra el elemento que hizo posible su existencia.

En la parte opuesta de la misma sala encontramos otro molde (la Virgen María) que sujeta el cuerpo moldeado y muerto de Jesús. Entre las dos esculturas cuelgan de las paredes una serie de fotogramas extraídos del video Angel Soldier, el Angel Soldado que se vale de flores y armas según la intención de sus propósitos. Una drástica representación de lo que el hombre puede llegar a hacer, que, según el comisario de la exposición Yun Cheagab, expresa las condiciones sociales de nuestra generación.

En la sala adyacente nos reflejamos en una serie de espejos con marco dorado. Sentimos sonidos. Miramos fijamente uno de ellos y de repente explota en nuestra cara. Se trata de la instalación Broken Mirror (espejo roto), copuesta por un espejo, una pantalla plana y un ordenador, haciéndonos pensar sobre nuestra propia existencia y su fragilidad.

Estoy seguro de que la carga emocional, y la perfección en la técnica y presentación de la obra, justifican la decisión de centrarnos en este pabellón después de haber recorrido, de forma superficial, los jardines de la Bienal. Aún queda el Arsenal.

 

 

Fotografías del autor excepto la última, cortesía del artista.

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