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Álvaro Rojas: Arquitectura (segunda parte)

Delante de los cuestionamientos sobre la carencia de teorías y pensamiento crítico en profesiones creativas como el diseño y la arquitectura, retomo la entrevista del arquitecto Álvaro Rojas para abordar este y otros grandes temas actuales, pues es necesario brindarles alguna luz que nos permita observar todas las aristas del asunto.


LFQ: ¿Qué carácter de pensamiento se requiere para afrontar los nuevos retos en el urbanismo, la construcción civil, institucional, comercial, habitacional delante de esa remezón que está cambiando al mundo, remezón qué, a pesar de que existe de todo en cuanto a materiales y tecnologías, pero parece que nos perdemos?
Álvaro Rojas:
La vida es integral. Pero hay acciones humanas más, o menos, influyentes en la dirección que toma el mundo. La política y la economía, me parece a mi, y me guste o no, son decisorias. La arquitectura, me guste o no, no. Es más, ni siquiera el conocimiento y la tecnología tienen el poder y la inmediatez de la política y de la economía.

Casa Fo_RoARQ, ilustra una búsqueda de arquitectura tropical-moderna costarricense. Foto cortesía Arq. Álvaro Rojas.

LFQ: Tocas puntos medulares, ¿cuáles políticas y qué recursos pueden producir cambios para mejorar la estima colectiva ante la apatía en que se vive hoy producto de la crisis, tanta violencia e inseguridad? ¿Cómo explicas esta paradoja?
AR:
La tecnología, por ejemplo, es rápida y cambia mucho de lo que hacemos pero no cambia la política, al menos no con la misma velocidad. Nada más veamos el caso de Costa Rica. ¿Qué efectos inmediatos o relativamente de corto plazo ha tenido la tecnología y la informática en los eventos importantes en el país? La educación, por ejemplo. O la infraestructura. ¿Por qué estamos tan entrabados si hay tanta información y tecnología y es tan inmediata? Los trámites burocráticos para obtener permisos de construcción, que ahora se hacen por Internet (algunos de ellos), no han mejorado ni los tiempos de producción ni la calidad de la arquitectura ni de la ingeniería.

LFQ: Pero ¿dónde percibir los cambios? ¿Qué estamos aportando en términos de pensamiento crítico que redimensione la arquitectura y el diseño de esta época?
AR:
Es más, en la misma arquitectura… ¿qué hay de nuevo?… que sea realmente importante. Lo único que ha "aportado" la tecnología digital es que se pueden inventar formas relativamente rápido y que antes tomaban mucho tiempo. Antonio Gaudí dedicó inmensurables cantidades de tiempo al diseño de la Sagrada Familia. Félix Candela diseñó sus paraboloides hiperbólicos, sus cascarones y sus "sombrillas" matemáticamente lo cual le tomaba mucho tiempo, sin lugar a dudas. Pero, la tecnología de la construcción no ha variado mucho y sigue siendo lentísima… Una casa diseñada ahora toma el mismo tiempo que hace 25 o 50 años para construirse. Entonces, ¿cuál es el verdadero impacto de los avances tecnológicos en la arquitectura? Los materiales siguen siendo los mismos (bloques de concreto, concreto armado, acero, plástico y madera). Los métodos de construcción, igual: montones de peones manipulando las cosas a mano, igual que en la Roma anterior a Cristo. Tal vez una que otra grúa.



Casa Fo_RoARQ. Foto cortesía Arq. Álvaro Rojas.

LFQ: ¿No te parece que si a pesar de tanta remezón nada cambia, es porque no existe pensamiento que adelante el diseño. Freud decía que todo pensamiento es futuro; entonces lo que hacemos es recordar el pasado y aplicarlo nuevamente sin estrategias para adecuarlo a las necesidades del presente?
AR:
La mayoría de los "aportes" son superfluos pero la esencia de la arquitectura no ha cambiado ni mejorado radicalmente. Y el impacto que nuevas formas de pensar la arquitectura y la ciudad puedan tener sobre los conflictos sociales, culturales y económicos es utópico y, en todo caso, tan lento que será mínimo o inexistente.

Casa Williamson- búsqueda de arquitectura tropical-moderna costarricense. Foto cortesía Arq. Álvaro Rojas.

LFQ: ¿Realmente crees que pensar y teorizar es otra utopía, pues no se trata de diseñar “la ciudad de las siete lunas”, sino la actual en la que no cabemos, que es insegura, hacinada, violenta, de lenta circulación, de que a pesar de manejar excelentes medios de comunicación nos incomunicamos y se vive el despiste total?

AR: ¡Pensar y teorizar son imperativos! Para cambiar la ciudad, hay que cambiar muchas otras cosas y actuar y es ahí donde estoy convencido que estamos completamente entrabados. ¿Cómo es posible que con tanto conocimiento y tanta tecnología sigamos tan atrasados en casi todo aquí en Costa Rica? ¿De qué nos han servido los avances sociales que surgieron en los años 40 y 50 del siglo pasado: la socialización de la medicina, la educación, la abolición del ejercito, los derechos de los trabajadores y muchos otros? Todo eso apuntaba a que para estos días Costa Rica sería un país desarrollado como Finlandia, Noruega y Suecia. Pero no tuvimos esa suerte. Perdimos los últimos 60 años. Estoy leyendo el libro "Finnish Lessons" ("Lecciones Finlandesas" – ¿Qué puede aprender el mundo del cambio educativo en Finlandia?") por Pasi Sahlberg quien, entre otras cosas, dice: "Finlandia es también un país de alto rendimiento en el comercio, la tecnología, el desarrollo sostenible, la buena gobernabilidad, y la prosperidad, lo que plantea preguntas interesantes acerca de la interdependencia entre la educación y otros sectores de la sociedad. Pareciera que otros sectores de política pública, como la salud y el empleo, juegan un papel en el desarrollo educativo y el cambio a largo plazo. En Finlandia esto es cierto también en cuanto a paridad de ingresos, mobilidad social y confianza dentro la sociedad finlandesa." Finlandia tiene una población similar a la de Costa Rica: 5.5 millones y sin las riquezas naturales nuestras.

En síntesis: para que un país sea exitoso debe ser holístico. Para "reparar" la ciudad, debemos cambiar en muchas cosas. De nada nos sirve llenar los huecos de las calles, pintar los edificios, hacer uno que otro edificio nuevo (y ojalá de excelente diseño integral), construir bulevares y parques si no reducimos drásticamente la pobreza, aumentamos la calidad de la educación, damos seguridad a los ciudadanos y ofrecemos transporte público de "primer mundo." En fin, hay que pensar, teorizar pero, además, actuar. Las teorías que no se concretan son inútiles.

Concurso Museo del Jade, Costa Rica – croquis de la propuesta para el nuevo Museo del Jade, que intentaba darle a la ciudad un edificio con forma reconocible pero de fácil construcción y que aportara a la ciudad, a la cultura y al ambiente pues se diseñó para que fuera 100% carbono neutral. Foto cortesía Arq. Álvaro Rojas.

LFQ: ¿Qué retos percibes a futuro para la arquitectura y el diseño?
AR:
La arquitectura y la tecnología de la construcción deberían cambiar radicalmente si se quiere que tengan efectos rápidos y reales en la sociedad. Pero la arquitectura responde a las condicionantes políticas, económicas, sociales y culturales y no al revés. Mientras estas condiciones estén atrasadas, igualmente lo estará la arquitectura. Claro, a los arquitectos nos gusta pensar que no es así y que la arquitectura como un hecho autónomo es "muy importante" pero en la realidad no lo es, ni aquí ni en el mundo más avanzado. De nuevo, la ciudad es sistémica y la arquitectura es parte de ella. La arquitectura será importante cuando contribuya a mejorar a los ciudadanos.

LFQ: ¿Cómo impactar positivamente a la cultura actual?
AR:
Pienso que debe haber una reeducación social que cambie la actual cultura. Entonces la arquitectura podría tener un impacto real en una sociedad altamente educada y culta.

LFQ: En la década de los noventas Guy Bonsiepe decía que a las profesiones creativas que no generen teoría -delante del cambio introducido por la computadora, pasaría lo que les ocurrió a los copistas de los libros incunables pre-gutembergianos, que fueron desplazados. Ya está sucediendo algo similar con el diseño gráfico, cuando arquitectos, diseñadores publicitarios e industriales y cualquiera que compre una máquina con software especializado hacen diseño gráfico, pues no los abastece planteamientos teóricos, metodológicos y tácticas adecuadas a la situación y al mercado. ¿Hacia dónde va la arquitectura en este sentido?
AR:
La arquitectura está metida en la caja de las formas ya sean las paramétricas o las de las ocurrencias de los arquitectos y de la sociedad. ¿Qué aportes a la humanidad y al planeta está haciendo, por ejemplo, Zaha Hadid con sus formas estrambóticas, caras y fallidas? Si es en lo formal, entonces apaguemos y vámonos. Las "nuevas" formas arquitectónicas, que se ven casi exclusivamente en los países "desarrollados" y en otros como China y los del Medio Oriente, no mejoran ni la humanidad ni el planeta. Todo lo contrario, son excesos y exageraciones que producen grandes daños. Nada más lean "Arquitectura milagrosa. Hazañas de los arquitectos estrella en la España del Guggenheim" por el crítico catalán Llàtzer Moix quien delata las barbaridades cometidas por los grandes arquitectos en mancuerna con los políticos de turno.
Entonces, no me interesa hacia "dónde van" si no hacía "dónde deberían ir." Pero esto, de nuevo, es pura teoría y no se filtra a la realidad cotidiana.

Arq. Álvaro Rojas.

Para concluir con esta segunda parte de la entrevista a Álvaro Rojas, cabe atizar aun más la cuestión. En mis últimos años de estudiante de secundaria, época del pragmatismo, se quería restar importancia a la teoría en favor de una estética formal que culminó con el maquillismo, las apariencias y las flaquezas estructurales y conceptuales. ¿A quiénes les toca teorizar hoy? ¿cuál es el pensamiento entonces que se debe focalizar? Cuáles serán los temas centrales a debatir delante de la realidad en arquitectura y diseño? ¿De dónde provienen las motivaciones para crear estrategias ante las mutaciones formales y los lenguajes contemporáneos?
A otros tocará proseguir este continuum de preocupaciones que nos intimidan para tener claridad sobre los fenómenos, y debemos ser nosotros mismos, diseñadores, arquitectos, intelectuales, críticos e historiadores de arte quienes pongamos nuestro visor sobre los asuntos que nos conciernen, para que –como decía Bonsiepe-, no sean otros profesionales quienes los pongan por nosotros.
 

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