La columna de Luis Montero

La columna de Luis Montero: Nano-yo.

Es el quinto día de tratamiento. No hay síntomas secundarios apreciables. Quizá un leve rumor en el intestino grueso, como si me picara. Ah, y las defecaciones empiezan a emitir un extraño olor.

Sexto día de tratamiento. El picor intestinal viene y va. Eso sí, cuando viene lo noto con mayor intensidad sin llegar a cruzar el umbral del dolor. Las defecaciones siguen igual. No hay trazos de otros síntomas.

Undécimo día de tratamiento. Llevo unos días sin molestias, ni picores ni olores. Son los mejores desde la inoculación de los nanobots. Ojalá sea el final del proceso, no habrá sido tan malo como vaticinaban. No lo quiero ni pensar para no hacerme ilusiones…

Decimosexto día. Todo sigue igual. Intento no escribir mucho aquí para no emparanoiarme.

Decimonoveno día. Voy bien. Igual. Va bien. Pero estoy demasiado atento a las indicaciones de mi cuerpo. Me levanto y lo primero que hago es buscar el picor; aún no he entrado en el baño y ya estoy pensando en el olor.

Vigesimotercer día. Han vuelto. Todos los síntomas han vuelto. Creo que con más intensidad, los picores casi duelen y el olor empieza a ser asqueroso. O quizá se deba a que después de unos días de calma la desilusión me hace más sensible.

Vigesimocuarto día. Siguen ahí.

Vigesimoquinto. Siguen ahí.

Vigesimonoveno. Siguen ahí.

Es el trigésimo quinto día de tratamiento. Quizá debería aceptar que esto va a ser así. Que mi cuerpo no acepta a los nanobots como suyos y los picores y dolores son la frontera entre ellos y yo.

Trigésimo octavo día de tratamiento. Se ha vuelto insoportable. El picor está conmigo a todas horas. No ha crecido en intensidad, pero es persistente. Y, lo que es más extraño, el olor también. Va conmigo a todas partes, pero por fortuna parece que sólo yo lo percibo.

Cuadragésimo segundo día. Se ha vuelto a estabilizar. Pero no me acostumbro. Es imposible. Me acuesto con picores y oliendo mal y me levanto con picores y oliendo mal.

Cuadragésimo tercer día. Todo igual. Pero mi ánimo empieza a resentirse.

Cuadragésimo octavo día. Todo igual. El ánimo peor.

Quincuagésimo segundo día. Todo igual.

Quincuagésimo séptimo día. Todo igual.

Quincuagésimo noveno día. Todo igual.

Sexagésimo día de tratamiento. ¿Cómo va a ser igual? Es peor. Que se mantenga siempre igual hace que cada día sea peor. El desánimo campa a sus anchas. Es como un mar que lo ha anegado todo.

Sexagésimo cuarto día. Me estoy ahogando en ese mar. Hoy he caído en la cuenta de que llevo casi una quincena sin salir a la calle. Supongo que me da miedo que huelan lo que yo huelo…

Octogésimo segundo día. No puedo más. Ya no pienso en mí, pienso en los nanobots. Tanto que incluso creo que empiezo a sentirlos. Sé que es imposible pero aun así me parece notarlos en mi interior.

Octogésimo séptimo día. Cada segundo que pasa los noto más. A ratos creo que ya sólo los noto a ellos, que lo ocupan todo.

Nonagésimo primer día. He hablado con los médicos, que ya sólo los percibo a ellos. Mañana van a evaluar la situación y tomar una decisión.

Nonagésimo segundo día. Hoy es el comité médico en el que van a evaluar la situación.

Nonagésimo segundo día, segunda entrada. Los médicos sugieren volver al quirófano y deshacerlo todo. Separar cuerpo y nanobots. Será dentro de ocho días. Seamos optimistas…

Nonagésimo quinto día. Deseando que llegue la operación.

Nonagésimo octavo día. Pasan las horas, los minutos, los segundos…

Nonagésimo noveno día. Mañana es el día. Mañana es el día. ¡Mañana es el día!

Centésimo día de tratamiento. Hoy es la operación. Hoy nos extirpan este cuerpo. Adiós a los picores, adiós a los olores.

Y tú, ¿crees que alguna vez sentiremos esos nanobots y otros implantes como nuestros? ¿Como una parte más de nuestros cuerpos? Estaremos encantados de leerte desde #DiseneticaExperimenta y @Disenetica en Twitter.

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