Diseño, arte y música en el universo de Alejandro Ros
Alejandro Ros es, casi con seguridad, el más prolífico y reconocible diseñador de portadas de discos en Argentina, que incluyen nombres tan significativos como Mercedes Sosa, Gustavo Cerati, Bajofondo, Luis Alberto Spinetta, Babasónicos, Fito Páez, Vicentico o Soda Stereo. Pero eso no es todo: multifacético y al mismo tiempo personal, su trabajo se ha extendido al mundo editorial en innumerables portadas de los suplementos Radar y Soy del diario Página 12, que hasta hoy son consideradas hitos de la comunicación periodística.
Galardonado con premios Grammy, Gardel y Konex —entre muchos otros— su trayectoria es un abanico sensible que integra diseño, arte, fotografía y música.
Mientras (paradójicamente) utiliza Spotify, Bluetooth, y hi-fi como vehículos para adentrarse en la búsqueda de nuevas tendencias musicales —sin abandonar su debilidad por el sonido de los cuencos tibetanos—, en su ambiente de trabajo resuenan los ecos de Kelly Lee Owens (Oleic), Moses Sumney (Aromanticism) y Yaeji (EP2), creando una atmósfera ideal y singular para dar marco a esta conversación.
Cuando te llega un nuevo proyecto ¿qué es lo primero que haces?
Bajar al papel la primera idea, generalmente es la mejor. A veces hago una pequeña ceremonia en casa, si hay que trabajar la portada de un disco, fumo una flor, pongo el demo fuerte y bailo solo.
Comunicar un concepto claro y potente utilizando los mínimos recursos para expresarla, sin que eso signifique sacrificar una búsqueda estética, es una característica reconocible de tu trabajo. ¿Pones el foco en el concepto y luego en la forma, o surgen simultáneamente?
Primero la idea, luego la forma. Claro que muchas veces depende del tipo de producto. En la portada de un disco el músico es clave para esto, ya que cada uno tiene su propuesta estética, su personalidad, que es lo que determina un vínculo distinto y personal con sus fans. En el caso de la portada para una revista, primero pongo el foco en el concepto porque lo que hay que comunicar es el contenido del artículo, por lo que es menos libre que la música.
Tu obra tiene un fuerte componente artístico y al mismo tiempo es una contundente expresión del pensamiento de diseño ¿qué lugar ocupa el arte en tu trabajo como diseñador y cuáles son tus principales influencias?
El arte sirve como influencia, es un pensamiento generalmente libre. El diseño cumple una función y por esto, no puede ser completamente libre. Mis influencias son los artistas que se mueven del mercado, ya que el arte que es funcional al mercado es decoración. Pero de los mainstream me gustan, Tino Sehgal, James Turrell, Anish Kapoor, Kimsooja. Me gusta Damien Hirst: usa el mercado como colores de su paleta.
Cerati, Babasónicos, Mercedes Sosa, Fito Páez o Bajo Fondo Tango Club (por nombrar sólo algunos) son artistas con una personalidad bien definida. Al momento de diseñar una portada, ¿llegan con una idea clara de lo que quieren comunicar, o te dan libertad para reinterpretar su trabajo?
Les pido a los músicos escuchar los demos, voy al estudio mientras graban, a sus casas mientras componen, trato de participar del nacimiento de la música de modo que la portada se embeba de todo el proceso.
Muy pocas veces tienen una idea definida, a veces es una base para empezar a pensar, es un trabajo en conjunto. Los bocetos que les presento son producto de todo lo que hablamos antes, de haberme enfrentado a la música, ir a los shows. Intento entrar en la cabeza de ellos. Es una mezcla de chamanismo y psicoanálisis.

El músico argentino Luis Alberto Spinetta decía con sensibilidad poética “todas las cosas tienen música”, ¿el diseño también?
El diseño de una portada de disco es música congelada en una imagen, pero el diseño del formulario de un banco no creo que tenga música.
En ocasiones se asocia al diseño con la cultura mainstream. Pero tu trabajo parece desmentir esa afirmación ya que en muchas oportunidades cuestiona lo establecido ¿te consideras un hacker cultural?
Intento serlo, aunque a veces la realidad hace que no se pueda volar muy alto. A veces hago cosas que no tienen que ver con el Diseño Gráfico, como por ejemplo fiestas de disfraces, que para mi son una obra integral que incluye música, baile, vestuarios. Es una ceremonia de liberación, donde Jesús puede bailar con un caramelo Sugus, y Bowie charlar con un tomate. A veces hago intervenciones con Roberto Jacoby, en las que intentamos hackear el mundo del arte. La última obra que hicimos (llamada Después vemos) era un hombre desnudo en un cuarto oscuro en el que la gente entraba tres minutos y hacia lo que sentía. Ponía en evidencia las diferentes formas en que exploramos nuestra sensibilidad: los gays están acostumbrados a esta experiencia y eran a veces más sexuales, pero las mujeres salían muy emocionadas de que un hombre desnudo las abrace y les diga cosas dulces al oído.
También tengo un grupo llamado Agencia de Viajes, con el que hacemos instalaciones musicales en museos, jardines, casas, y con el que intentamos que la gente esté dos horas en silencio en un lugar preparado para sumergirse en la música. Con Pablo Schanton hicimos Perfumancia en Arco Madrid: en un espacio oscuro había fuentes sonoras y perfumes. Intento no ser visual cuando invado el mundo del arte.
Tus portadas para suplementos de periódicos son, sin duda alguna, hitos de la gráfica argentina. Cada una de ellas es una editorial en sí misma. ¿Son consecuencia de una lectura personal del contenido o es un trabajo en conjunto con el editor periodístico?
Es una mezcla de ambos, a veces no hay tiempo de leer el artículo porque no está escrito, hay mucha ida y vuelta con los editores, a veces ellos sugieren una imagen, o incluso yo mismo pongo un titular. En algunas oportunidades sucede que cuando llega la nota el día del cierre, no se parece a lo que hicimos y hay que cambiar en el momento.

En alguna oportunidad has manifestado que mucho de tu trabajo difícilmente pueda entenderse fuera del contexto cultural argentino, ¿crees que existe un “diseño argentino”? ¿cómo podría definirse?
Algunas piezas no se entienden fuera de Argentina porque hacen referencia a situaciones que solo se viven acá, usan palabras o chistes locales, pero gráficamente yo intento no tener estilo, porque a veces el estilo interfiere en la recepción del mensaje. A veces uso estilos gráficos “preseteados” para reforzar el concepto: si tengo que hacer una tapa sobre hip-hop, la hago con aerosol, si tengo que hacer una tapa sobre Dada uso el estilo de ese movimiento.
Se le atribuye a David Carson aquello de que “el diseño gráfico salvará al mundo justo después de que el rock and roll lo haga”. En tu opinión ¿cuál es la verdadera función del diseño?
La función del diseño es comunicar. No creo en ideas de un surfista que aplica su estilo gráfico a todos sus clientes por igual.
¿Qué papel juega la tecnología en tu trabajo?
Una herramienta, intento que no se note que uso el ordenador para generar las piezas.
¿La calle inspira?
La calle, la pista de baile, galerías de arte under, conocer personas que no sigan un patrón de comportamiento, visitar antros, viajar muy lejos, meditar.
Dime cinco nombres imprescindibles en el diseño
Josef Müller-Brockmann, Katsumi Komagata, Peter Saville, Hipgnosis, Mark Farrow, Paul Rand… son seis 😉
Diseñador ¿se nace o se hace?
Se hace.
¿Qué te gustaría hacer como diseñador y aún no hiciste?
Trabajar con Pet Shop Boys.
Alejandro Ros es…
Un músico frustrado.
Esta entrevista fue publicada en el número 78 de la revista Experimenta



