La Revoltosa vuelve a tener carácter
Hay marcas que desaparecen del imaginario colectivo mucho antes de desaparecer del mercado. Siguen existiendo, pero dejan de formar parte de la conversación. La Revoltosa, la histórica marca española de gaseosa, se encontraba ante ese desafío: no necesitaba inventarse una historia, sino volver a hacer visible la que ya tenía.
El estudio de branding waka ha desarrollado el rebranding de la marca con una estrategia que parte precisamente de ahí. En lugar de construir una identidad completamente nueva, el proyecto recupera elementos de su pasado y los reorganiza para devolverlos al presente.
La Revoltosa nació en 1953, fruto de la unión de varios pequeños fabricantes de gaseosa. Desde 1998, la marca pertenece a la compañía familiar gallega Refrescos del Atlántico. El reto de la actualización era, por tanto, especialmente delicado: cómo volver a hacer relevante una marca con una historia reconocible sin convertirla en una pieza de nostalgia.
La respuesta de waka ha sido mirar hacia la cultura popular, recuperar códigos propios y trabajar sobre ellos con precisión.
No todo lo antiguo necesita ser actualizado
Una de las decisiones más significativas del proyecto ha sido recuperar uno de los logotipos históricos de La Revoltosa, desarrollado en la década de los setenta.
En un momento en el que muchas marcas parecen obligadas a desprenderse de cualquier rastro de su pasado para parecer contemporáneas, waka ha tomado el camino contrario. El logotipo no se sustituye por una nueva solución gráfica diseñada para parecer actual. Se recupera, se redibuja y se ajusta.
La decisión tiene algo de declaración de principios: la historia también puede ser un activo de innovación.
El rojo de la marca permanece, aunque se actualiza mediante un tono escarlata más limpio. La identidad se completa con un blanco roto y un negro profundo, junto a las tipografías Teko, Vulf Mono Bold y GT America Extended.
El sistema incorpora además un marco, una diagonal y una fotografía alejada de los bancos de imágenes. La intención es construir un universo reconocible y próximo, vinculado a una España real y contemporánea, no a una versión idealizada del país.



La Revoltosa tenía nombre: Mari-Pepa
El proyecto encontró una de sus claves en una figura que ya formaba parte del origen cultural de la marca: Mari-Pepa, protagonista de La Revoltosa, la zarzuela de Ruperto Chapí estrenada en 1897.
El personaje aportaba algo que la marca necesitaba recuperar: una personalidad. Mari-Pepa no es una figura decorativa ni una representación genérica de lo popular. Es una mujer con carácter, independiente y desinhibida.
A partir de esa referencia, waka construye una identidad femenina, descarada y empoderada. Una personalidad que conecta con una tradición de mujeres fuertes y con una cultura popular en la que el humor, la ironía y la capacidad de ocupar el espacio público siempre han tenido un papel importante.
Para traducir este universo al lenguaje visual, el estudio contó con GL6RIA, ilustrador y tatuador originario de Jerez de la Frontera.
Su trabajo, influido por el tatuaje old school, el folclore andaluz, el costumbrismo y la cultura urbana, introduce una tensión especialmente interesante en la identidad. La propuesta no intenta hacer que la tradición parezca moderna. La trata como algo que puede seguir siendo contemporáneo por sí mismo.










Una marca que no habla como una marca
El rediseño no se detiene en el logotipo. Una de las decisiones más relevantes del proyecto se encuentra en la identidad verbal. La Revoltosa no adopta el tono distante y cuidadosamente neutro de muchas marcas de consumo. Habla desde un lugar más próximo al ingenio popular, a la conversación de bar y a la sobremesa.
El lenguaje recupera el desparpajo y la ironía, pero también una cierta dimensión poética. El resultado busca que la marca no se limite a comunicar características de producto, sino que tenga una voz reconocible.
La idea es sencilla: si La Revoltosa tiene la personalidad de Mari-Pepa, no puede expresarse como una marca genérica.
Cuatro sabores, una misma personalidad
El packaging plantea otro ejercicio de equilibrio. La marca necesitaba mantener una identidad común entre sus diferentes productos, pero evitando que todos fueran exactamente iguales. La solución ha sido entender cada sabor como un estado de ánimo diferente dentro de una misma personalidad.
La gaseosa funciona como el centro del sistema. A su alrededor se articulan las variedades de limón, naranja, lima-limón y cola, cada una con sus propios matices visuales y verbales.
Los colores, las composiciones y los recursos gráficos varían, pero el sistema mantiene una estructura reconocible. El objetivo es que cada envase tenga su propia personalidad sin perder la relación con el conjunto.
El diseño debe funcionar tanto en un lineal como en la mesa de un bar. Y también debe resistir una segunda lectura: la de quien se acerca y descubre los detalles de la identidad.
La web no es un catálogo
La nueva web de La Revoltosa, larevoltosa.es, prolonga esta estrategia. En lugar de plantearse como un catálogo de productos, waka ha desarrollado una experiencia de scrollytelling en la que la propia marca habla en primera persona.
A medida que el usuario avanza, descubre su historia, su personalidad y su universo. La navegación no se organiza únicamente como una sucesión de contenidos, sino como un relato.
La propuesta fue reconocida con un SOTD (Site of the Day) de Awwwards, una de las plataformas internacionales de referencia en diseño web.
La decisión resulta coherente con el conjunto del proyecto: si La Revoltosa pretende recuperar una personalidad, la web no puede limitarse a mostrarla. Tiene que hacerla experimentar.







El folclore vuelve a la plaza
El proyecto de rebranding se extiende también fuera de los soportes habituales de una marca.
Junto con La Juan Gallery, waka ha desarrollado La folclórica del siglo XXI, una iniciativa cultural que recupera la plaza como espacio de celebración, encuentro y participación.
La propuesta se articula mediante un certamen abierto que invita a reinterpretar el folclore desde el presente. No se trata de conservar una tradición en formol, sino de preguntarse qué puede ser hoy una figura folclórica.
Las semifinales tuvieron lugar el 26 de junio en el cine de verano de La Bombilla, en Madrid; el 3 de julio en la plaza de Palacio de Alcalá de Henares; y el 8 de julio en la Casa de Cultura Giralt Laporta de Valdemorillo. La final se celebró el 16 de julio en el cine de verano de La Bombilla.
La acción resume buena parte de la estrategia de La Revoltosa: recuperar elementos reconocibles de la cultura popular y volver a ponerlos en circulación.
El valor de no empezar de cero
El proyecto de La Revoltosa plantea una cuestión interesante para el branding contemporáneo.
Durante años, el rediseño de una marca se ha entendido con frecuencia como una operación de sustitución. Cambiar el logotipo. Cambiar los colores. Cambiar el lenguaje. Cambiar la imagen.
Pero no todas las marcas necesitan olvidar quiénes fueron para volver a ser relevantes.
En este caso, la estrategia consiste en identificar aquello que todavía conserva valor y trabajar sobre ello. El logotipo de los años setenta. Mari-Pepa. El humor popular. La plaza. La tradición entendida no como una imagen congelada, sino como una forma de relacionarse con la cultura.
La Revoltosa no vuelve porque pretenda reproducir el pasado. Vuelve porque ha encontrado en su propia historia una materia prima capaz de generar algo nuevo.
Y quizá ahí esté la principal lección del proyecto: en una época en la que todas las marcas parecen obligadas a hablar de innovación, a veces la verdadera innovación consiste en mirar con atención aquello que ya existía.
Equipo
waka es un estudio de diseño estratégico especializado en branding e identidad de marca, con sede en Madrid y 15 años de trayectoria.
Refrescos del Atlántico, compañía familiar gallega que incorporó La Revoltosa a su portfolio en 1998, impulsa la nueva etapa de la marca.
GL6RIA desarrolla un universo visual en el que confluyen ilustración, tatuaje, cultura urbana, folclore y raíces andaluzas.
La Juan Gallery, dirigida por Juan Gómez Alemán y Rosa Ureta, trabaja en el ámbito de las artes vivas y la performance contemporánea, con proyectos que conectan creación, ciudadanía y participación.










