En el mobiliario de exterior, la resistencia de los materiales suele presentarse como una cuestión estrictamente técnica. Sin embargo, algunas propuestas han entendido que la durabilidad no tiene por qué traducirse en una pérdida de cualidades táctiles, formales o constructivas. La trayectoria de DEDON se sitúa precisamente en ese territorio de intersección: el de los materiales desarrollados para resistir las condiciones ambientales y los procesos artesanales capaces de convertirlos en objetos con una marcada presencia material.
La fibra constituye el punto de partida de esta investigación. La empresa desarrolló su propia DEDON Fiber como un material sintético destinado a combinar resistencia frente a la intemperie, estabilidad y posibilidades de acabado con una apariencia y un tacto próximos a los de las fibras naturales. Su uso no se limita a resolver una exigencia funcional: la fibra se convierte en un elemento estructural y expresivo que permite a los diseñadores trabajar con tramas, densidades, transparencias y volúmenes muy diferentes.
El material adquiere una dimensión adicional en el proceso de fabricación. En la planta de DEDON en Cebú, Filipinas, el tejido de numerosas piezas se realiza manualmente. El gesto artesanal no aparece aquí como una decoración añadida al producto, sino como parte del propio sistema constructivo. La geometría de cada pieza, la tensión del trenzado y la relación entre la fibra y las estructuras que la sostienen forman parte de un proceso en el que el diseño se completa durante la fabricación.
La historia de la compañía está estrechamente vinculada a este diálogo entre innovación material y trabajo manual. DEDON sitúa el origen de su trayectoria en el desarrollo de una fibra propia y en la búsqueda de artesanos capaces de trabajar con ella. La fabricación en Cebú comenzó hace más de dos décadas, consolidando una estructura productiva en la que la colaboración entre diseñadores, desarrollo material y artesanía especializada constituye una parte central del proceso.
El resultado es un catálogo en el que la fibra convive con materiales como la madera, la cerámica o el aluminio. Pero más allá de la combinación de materiales, lo relevante está en cómo cada diseñador interpreta las posibilidades del sistema. Las colecciones no responden a una única estética ni a una fórmula repetida: cada una explora una relación distinta entre estructura, tejido, cuerpo y entorno.



MYMI: una trama que se desplaza entre espacios
Diseñada por GamFratesi, MYMI nace de una reflexión sobre los espacios de encuentro y, en particular, de la cultura de los cafés parisinos: pequeñas mesas, diferentes configuraciones de asiento y una convivencia entre la conversación colectiva y los momentos de intimidad. El punto de partida se traduce en una colección de formas contenidas, pensada para desenvolverse tanto en entornos exteriores como interiores.
La silla es uno de los elementos centrales del conjunto. Su estructura compacta incorpora una trama de fibra tejida que aporta una presencia visual ligera y, al mismo tiempo, define el respaldo. La colección se completa con mesas y otros elementos que mantienen una relación formal con el entramado de la silla.
En este caso, la colaboración entre diseñadores y fabricante parte de un conocimiento previo del material. GamFratesi ya había trabajado anteriormente con DEDON en la silla AIIR, una pieza ligera y transparente que supuso su primera colaboración con la empresa en el ámbito del mobiliario exterior. MYMI retoma esa relación desde una mayor familiaridad con la fibra y con las técnicas de tejido, explorando nuevas soluciones a partir de un lenguaje ya conocido.
La paleta de MYMI se inspira en diferentes estratos del paisaje natural —suelo, vegetación, flores, agua y cielo— y se desplaza entre tonos orgánicos y colores más intensos. El color, por tanto, no funciona únicamente como acabado superficial: contribuye a definir la relación entre las piezas y el contexto en el que se sitúan.
Uno de los aspectos más interesantes de la colección es precisamente su ambición de superar la separación convencional entre mobiliario de exterior e interior. Como explican sus diseñadores, el objetivo era crear una silla capaz de atravesar esa «barrera» y trasladarse de un ámbito a otro. La cuestión no es solo que una pieza pueda utilizarse en ambos espacios, sino que el propio diseño no dependa de una oposición rígida entre ellos.


MBRACE: el tejido como gesto de acogida
En MBRACE, diseñada por Sebastian Herkner, la relación entre material y cuerpo adquiere una dimensión especialmente evidente. La colección combina fibra tejida, madera de teca y, en algunas versiones, aluminio fundido a presión. Su elemento más reconocible es el respaldo envolvente, que construye una relación directa con la idea de abrazo.
El concepto no se limita a una metáfora formal. Herkner partió del gesto de abrazar para desarrollar una pieza que transmitiera una sensación de protección y acogida. La estructura y el tejido trabajan conjuntamente para producir esa condición envolvente: la fibra define una superficie flexible y visualmente permeable, mientras que la forma del respaldo establece una relación más próxima con el cuerpo.
La colección se distingue por su patrón triaxial tejido a mano y por una amplia variedad de configuraciones. La combinación de tipologías, colores de fibra y materiales permite construir diferentes versiones de la misma familia, desde sillas y butacas hasta tumbonas, mesas y otros elementos. La mezcla de materiales es parte esencial de su identidad: la calidez de la teca, la textura de la fibra y la precisión industrial del aluminio producen una tensión deliberada entre lo orgánico y lo tecnológico.
En las versiones más recientes, la colección incorpora nuevas tonalidades de fibra y mesas auxiliares y de centro con sobres cerámicos. La cerámica utilizada presenta resistencia a las heladas, baja absorción y resistencia frente a impactos, arañazos y abrasión. En este caso, el material no se elige únicamente por su apariencia: responde también a las exigencias específicas del uso exterior.
La propuesta de Herkner resulta especialmente significativa por la manera en que pone en relación tecnologías y técnicas tradicionales. El diseñador ha desarrollado buena parte de su trabajo a partir de la combinación entre nuevas tecnologías y artesanía, con una atención particular a los materiales y a los detalles constructivos. En MBRACE, esa aproximación se hace visible en el diálogo entre una estructura industrial y un tejido cuya ejecución depende de la precisión manual.


PORCINI: la naturaleza como estructura formal
La colección PORCINI, diseñada por Lorenza Bozzoli, aborda la relación entre naturaleza y objeto desde una aproximación diferente. Sus mesas auxiliares toman como referencia la silueta de la seta porcini, traduciendo la forma de un organismo natural a una familia de objetos de pequeñas dimensiones.
El diseño combina DEDON Fiber con cuerda natural y sobres de cerámica. El resultado no pretende reproducir literalmente una seta, sino trabajar a partir de su lógica formal: una base que se ensancha y un sobre que adquiere una presencia casi escultórica.
En PORCINI, el tejido desempeña un papel central en la construcción de la pieza. La fibra no es un revestimiento aplicado sobre una estructura ya resuelta, sino uno de los elementos que definen su carácter y su relación con el volumen. La cerámica, por su parte, aporta una superficie resistente para el uso cotidiano y las condiciones exteriores.
La colección aparece también vinculada al trabajo de Bozzoli con DEDON en otras piezas, como BRIXX y fedro, donde la diseñadora explora la relación entre formas escultóricas, materiales y mobiliario de exterior. La propia estructura del catálogo de DEDON muestra cómo la colaboración prolongada con diseñadores permite desarrollar lenguajes materiales reconocibles a lo largo de distintas colecciones.


Diseñar a partir del proceso
Más allá de las diferencias entre MYMI, MBRACE y PORCINI, las tres colecciones comparten una premisa: el proceso de fabricación no es un capítulo posterior al diseño. La fibra, sus posibilidades de color y acabado, la estructura que la recibe y la forma en que se teje intervienen en la concepción del producto.
Esto resulta especialmente relevante en un momento en el que la artesanía vuelve a ocupar un lugar central en el debate sobre el diseño contemporáneo. No como una oposición romántica a la tecnología, sino como una forma de conocimiento capaz de aportar precisión, adaptación y singularidad a procesos industriales.
En el caso de DEDON, el trabajo manual convive con una estructura de fabricación que incorpora desarrollo de materiales, ingeniería, prototipado y producción a escala. La cuestión no es elegir entre industria y artesanía, sino encontrar una relación productiva entre ambas. El diseño define una lógica, pero el material y la mano que lo trabaja participan activamente en el resultado final.
Por eso, la fibra puede entenderse como algo más que una materia prima. Es también un lenguaje. Su color, su textura y su manera de ser tejida permiten que diferentes diseñadores construyan respuestas muy distintas a partir de un mismo punto de partida.
Entre el interior y el exterior
La frontera entre mobiliario de interior y de exterior se ha vuelto progresivamente más permeable. Terrazas, patios, jardines y espacios intermedios han dejado de ser considerados únicamente como extensiones de la arquitectura para convertirse en lugares habitables con niveles de confort y exigencia similares a los interiores.
En ese contexto, colecciones como MYMI o MBRACE no buscan simplemente llevar una pieza de exterior al interior. Su planteamiento consiste en desarrollar objetos capaces de participar en ambos ambientes sin perder su identidad. La resistencia a la intemperie se convierte así en una condición técnica, no en una limitación formal.
La consecuencia es una concepción más fluida del espacio. Una silla puede desplazarse de una terraza a un comedor. Una mesa puede formar parte de una configuración doméstica o de un entorno contract. Un material asociado históricamente a la fabricación de mobiliario exterior puede convertirse en un elemento expresivo dentro de un interior.
El interés de esta aproximación no reside únicamente en su versatilidad. También plantea una pregunta sobre el propio diseño de producto: ¿qué ocurre cuando las categorías que tradicionalmente organizaban los objetos dejan de ser tan rígidas?
La respuesta de DEDON se construye a través de una combinación concreta de material, técnica y colaboración. Una fibra desarrollada para responder a condiciones exigentes. Una fabricación que mantiene el tejido manual como parte esencial del proceso. Diseñadores con lenguajes propios. Y una investigación continuada sobre la manera en que los materiales pueden construir no solo objetos, sino también atmósferas.
En MYMI, la trama se convierte en una superficie ligera y permeable. En MBRACE, en una estructura envolvente que se relaciona directamente con el cuerpo. En PORCINI, en parte de una traducción formal de la naturaleza. Tres aproximaciones diferentes que muestran cómo un mismo material puede convertirse en lenguajes muy distintos cuando el diseño no se limita a elegir un acabado, sino que trabaja desde el propio proceso de fabricación.
La cuestión, en última instancia, no es si un mueble pertenece al interior o al exterior. Es qué relación establece con el espacio, con el cuerpo y con los materiales que lo hacen posible.
Y ahí es donde la combinación de innovación material y conocimiento artesanal sigue ofreciendo un campo de investigación especialmente fértil para el diseño contemporáneo.












