La columna de Joan Costa en Experimenta

La columna de Eugenio Vega: Jan Tschichold, un hombre sin patria

“Si se le hubiera dejado a su suerte, el eslavo jamás habría salido de sus restringidas comunidades familiares. La raza germánica fue la que creó la noción de Estado. Hizo realidad esta noción al obligar al individuo a formar parte de un todo” (Adolf Hitler, 1941)

I

Johannes Tschichold nació en Leipzig en 1902. Ser hijo de un rotulista y pintor de letreros de origen eslovaco era razón más que suficiente para que nunca llegara a sentirse completamente alemán. Como sucedía con quienes formaban parte de las minorías que habitaban el Reich, a los ojos de los auténticos germanos los eslavos eran ciudadanos de segunda clase. Además, durante los turbulentos años de la República de Weimar se inició un proceso de homogeneización cultural que hizo más difícil la integración y alimentó la llegada del nacional socialismo al poder en 1933. Todos lo veían venir pero no fueron capaces de evitarlo, o no quisieron.

La columna de Eugenio Vega: Jan Tschichold, un hombre sin patria
Portada y frontispicio de la biografía que sobre Jan Tschichold publicó Ruari McLean en 1975.

II

Aunque Tschichold se tenía por una persona de orden, fue detenido en marzo de 1933, mes y medio después de que Hitler fuera nombrado canciller. Se le acuso de actividades subversivas. Para los nazis sus ideas estéticas eran una muestra de la “cultura bolchevique” vinculada al arte degenerado de las vanguardias. También parece que la Gestapo había encontrado en su domicilio una colección de carteles soviéticos que sirvieron para acusarle de colaboración con los comunistas. 

Por esos motivos llegó a estar seis semanas bajo “custodia preventiva”, es decir detenido sin cargos ni pruebas, como era frecuente en aquellos años. Además, perdió su puesto de profesor de la Escuela de Artes Gráficas de Múnich. Finalmente, sería liberado poco después de que el Reichstag aprobara la ley de plenos poderes que convirtió a Hitler en dictador, con la única oposición del SPD. Si ya se sentía un extraño en Alemania debido a su ascendencia eslava, aquel incidente terminó por hacerle ver que esa no era su patria. No tuvo más remedio que huir a Suiza con su esposa Edith y su hijo en agosto de ese año. Gracias al director de la Allgemeinen Gewerbeschule de Basilea pudo encontrar trabajo en esa ciudad. 

En su excelente libro sobre Tschichold, Christopher Burke aporta una visión de su personalidad que explica su retorno a una cierta conciliación entre tradición y modernidad. Aunque, desde 1930, había abandonado el dogmatismo vanguardista para reasumir los principios de la tipografía clásica, ese proceso se hizo más intenso nada más dejar Alemania. La rigidez de la nueva tipografía, que con tanto ánimo había impulsado, empezó a parecerle una metáfora visual de la Gleichschaltung (la unificación cultural) de Goebbels y de todo lo que representaba el Nacional Socialismo (Burke, 2007).

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Adolf Hitler preside, junto a otros miembros de su gobierno, los actos con motivo del Erster Mai Der Feiertag der nationalen Arbeit, el 1 de mayo de 1933. Imagen de autoría desconocida. Narodowe Archiwum Cyfrowe.

III

 

En 1935, Tschichold hizo su primera visita al Reino Unido. Tuvo allí la oportunidad de conocer a Stanley Morison, uno de los más enconados adversarios de la tipografía experimental. Además, viendo la colección de estampas de la British Library comenzó a ser consciente de la desconfianza hacia la vanguardia que inundaba toda la cultura británica.

Por otra parte, en el Reino Unido, las dificultades de la posguerra habían llevado a un creciente interés por las colecciones de libros baratos. Penguin, creada en 1935, tenía hasta entonces el monopolio del mercado; en tan sólo diez años se había convertido en una referencia comercial, con unos 500 títulos publicados en su colección principal. Pero, como recordaba Phil Baines, “el interior de los libros, aunque había mejorado con la utilización de la Times New Roman, era mediocre […] El diseño de cabeceras, títulos y otros elementos gráficos no respondía a un estándar uniforme, siendo muchas veces resultado del capricho de cada impresor” (Baines, 2005, 50).

Esta situación hacía cada vez más difícil establecer criterios para armonizar todas las publicaciones. El propio Allen Lane, dueño de la compañía, era consciente de la débil posición de Penguin para competir con otros editores que se iniciaban en el mercado del libro barato con menos experiencia pero con más claridad de ideas. Lane intentó contratar a Oliver Simon para que se ocupara del diseño de sus libros, pero no fue posible. Sería el propio Simon quien viajó con él a Suiza para ver a Tschichold que era ya por entonces un referente en el mundo editorial. Debido a sus compromisos en Suiza, no pudo aceptar la oferta hasta marzo de 1947, fecha en la que se incorporó a Penguin con un salario más alto que el de ningún otro empleado. Antes de asumir su responsabilidad pidió ejemplares de todas las colecciones para estudiar su diseño y hacerse una idea de la complejidad del problema. Se interesó por la tipografía, la composición, las cubiertas y por la marca, cuya última versión había dibujado Edward Young en 1939, con el propósito de buscar una solución global que reforzar la identidad de Penguin.

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Allen Lean en 1937 posando junto a una máquina automática en la que pueden comprarse libros Penguin a 6 peniques cada ejemplar. Fotografía de autor desconocido.

Tschichold hizo lo que pudo para poner orden en las numerosas colecciones que mostraban todas ellas un aspecto descuidado e incoherente. Nada más llegar a Londres, se empeñó en redactar una serie de normas, las Penguin Composition Rules, que expresaban la idea de que la tipografía no tiene otro propósito que establecer una correcta comunicación entre el autor y el lector.

Su actitud, rígida y exigente, obligó a cambiar las costumbres de los impresores que hasta entonces trabajaban para Penguin sin atender a ningún criterio general. Son conocidas sus anotaciones de para corregir los detalles de espaciado que tanto rechazo produjeron entre los trabajadores. Doubleday explicaba que esta forma de trabajar no estaba exenta de tensiones. Después de fijar las normas, Tschichold debía explicarlas a los componedores e impresores que trabajaban para la compañía y que, en su mayoría, no veían con buenos ojos el exceso de control y la intromisión en su trabajo. Tschichold, que exigía atención al detalle y una total adhesión a sus normas, se mostraba muy disgustado por el escaso interés que despertaban sus métodos (Doubleday, 2006, 50). Según Ruari McLean, que trabajó con él en esos años, Tschichold tenía una pésima opinión de componedores e impresores. 

“[Era sorprendente que no] entendieran lo que quería decir con que las versales debían componerse correctamente espaciadas. Cada día tenía que enfrentarme a miles de correcciones de este tipo. Por esa razón, tenía un sello de caucho ya preparado con el texto ‘equilibrar el espaciado de las letras conforme a su peso visual’. Pero los componedores siguen separando las versales de las portadas (donde el espaciado es esencial) con espacios de igual anchura” (McLean, 1950).

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Las conocidas anotaciones de Tschichold para una portada de King Penguin hacia 1948.

No era fácil que nadie pudiera comportarse con la autoridad con que Tschichold lo hacía, menos aún, siendo extranjero. Ningún diseñador disfrutaba de una posición tan sólida que les permitiera alterar las costumbres de los talleres y poner en cuestión cómo habían organizado su trabajo. En cierto modo, Tschichold había concebido sus métodos para una realidad que no existía, aunque no parece que llegara a ser consciente de tal cosa.

Para cada colección creó retículas en las que se detallaban los márgenes, la composición del texto y el uso de adornos. Fijó la organización de las cubiertas en una retícula horizontal en tres bandas que mantenían los colores de la etapa anterior. Lo más llamativo fue la substitución de la Bodoni, con que se rotulaban las portadas. por una Gill Sans más discreta. Otros cambios menos llamativos, como los que tenían que ver con el espaciado, contribuyeron a crear una imagen más consistente y ordenada. Sin embargo, no estableció una única tipografía para los textos pues la elección de la fuente dependía del contenido del libro, lo que implicaba un diseño específico para cada uno de los títulos. 

Tschichold creó cerca de 500 cubiertas con la única ayuda de Erik Ewergaard Frederiksen, un danés que trabajó con él hasta 1949. Algunas requerían atención especial como King Penguin, en la que seguiría los patrones que había creado para Insel Verlag, con guardas e ilustraciones muy cuidadas que la hicieron una colección poco rentable. En ocasiones, el propio Tschichold dibujaba adornos o caligrafiaba rótulos como en la edición de A Book of Scripts de Alfred Fairbank para la que uso como modelo una caligrafía de Juan de Yciar. Era prácticamente imposible que los empleados respetaran sus normas cuando Tschichod dejara Penguin, como así sucedió.

En diciembre de 1949, a consecuencia de la devaluación de la libra esterlina, Tschichold decidió regresar definitivamente a Suiza donde encontró trabajo como consultor de diseño de una firma farmacéutica en la que permaneció hasta 1967. No tenía dudas sobre dónde quería vivir y ello le llevó a rechazar una propuesta de la Escuela de Artes Gráficas de Múnich para volver a dar clase en el centro del que había sido despedido en 1933. 

En 1968, ya jubilado, Tschichold abandonó Basilea para irse a vivir a Berzona, en el Ticino, donde tenía una casa de verano que a partir de entonces sería su residencia permanente. En esos últimos años se convirtió en un referente internacional para la profesión del diseño que empezaba a consolidarse en Europa. Murió en Locarno el 11 de agosto de 1974, un mes después de que ganase la Copa del Mundo la Republica Federal Alemana, un país del que se sentía ya completamente desvinculado.

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Los jugadores de la República Federal Alemana muestran la Copa del Mundo a los aficionados presentes en el estadio olímpico de Múnich. Domingo 7 de julio de 1974. Fotografía de Bert Verhoeff. Nationaal Archief.

Referencias

Baines, Phil (2005) Penguin by Design. A Cover Story. Londres, Penguin Allen Lane.

Burke, Christopher (2007). Active literature. Jan Tschichold and New Typography. Londres, Hyphen Press.

Doubleday, Richard B. (2006) Jan Tschichold Designer. The Penguin Years. Londres, Oak Knoll & Lund Humphries. 

Hollis, Richard (2006) Swiss Graphic Design. The Origins and Growth of an International Style. Londres, Laurence King.

Hollis, Richard (2008) “Jan Tschichold: a titan of typography” en The Guardian. 5 de diciembre de 2008.

McClean, Ruari (1975) Jan Tschichold: typographer. Londres, David R. Godine. Londres, 1975.

Tschichold, Jan (1925) “Elementare Typographie”, en Typographische Mitteilungen, Leipzig.

Tschichold, Jan (1987) Die neue Typogaphie. Berlín, Brinkmann und Bose Verlag.

Tschichold, Jan (1977) Leben und Werk des Typographen Jan Tschichold. Dresde, Verlag der Kunst.

Tschichold, Jan (1947) Penguin Composition Rules. Penguin. Disponible en https://www.infolio.es/06infolio/tschichold/penguin.pdf

Trevor-Roper, Hugh, int. (2000) Hitler’s Table Talk 1941-1944. His Private Conversations. Nueva York, Enigma Books.

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