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Baldosas artísticas del Thyssen y Mosaista

Arte y diseño para habitar el suelo

La tienda-librería del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza presenta una colaboración singular con la firma española Mosaista que convierte obras maestras de la colección permanente del museo en piezas de diseño aplicadas al espacio doméstico. El proyecto propone una colección de baldosas hidráulicas artesanales inspiradas en pinturas de artistas como Sándor Bortnyik, Paul Klee, Juan Gris, Theo van Doesburg, Edward Hopper y Wassily Kandinsky.

Las piezas —realizadas mediante la tradicional técnica de la baldosa hidráulica— reinterpretan detalles de estas obras para trasladarlos al terreno del objeto cotidiano. Se trata de fragmentos que pueden combinarse para formar composiciones murales o emplearse como elementos decorativos independientes, además de presentarse en formato de bandejas diseñadas a partir de mosaicos artesanales.

La iniciativa surge del encuentro entre el museo, Mosaista y la artista y diseñadora Carlota Pereiro, responsable de reinterpretar gráficamente las obras de la colección Thyssen. Su intervención establece un diálogo entre la geometría de las vanguardias artísticas del siglo XX y la tradición material de la baldosa hidráulica, dando lugar a una colección donde arte, artesanía y diseño convergen.

De la pintura al mosaico

Las piezas se ofrecen en la tienda del museo como objetos de decoración —tanto individuales como integrados en bandejas— mientras que los murales de gran formato para proyectos a medida pueden adquirirse a través de la galería Mosaista. El resultado es un conjunto de productos en edición limitada que traslada al ámbito doméstico algunos de los lenguajes visuales más influyentes del arte moderno.

Según explica Ana Cela, directora de la tienda del museo, el objetivo de estas colaboraciones es trabajar con marcas que integren tradición artesanal, excelencia técnica y diseño contemporáneo. En este sentido, el proyecto con Mosaista encaja con la línea de alianzas que el museo ha desarrollado con diversas firmas españolas comprometidas con la producción de calidad y la cultura material.

Por su parte, Iván Alvarado, director creativo de Mosaista, recuerda que el origen del proyecto se encuentra en la fascinación por la nobleza material de la baldosa hidráulica y en el deseo de reinterpretar la obra de grandes artistas desde una perspectiva contemporánea. Ese interés dio lugar en 2002 a la colección Artistas por los suelos, una serie que proponía llevar el lenguaje de las vanguardias al pavimento. La colaboración con el museo, señala Alvarado, retoma ese espíritu inicial y lo proyecta hacia un nuevo contexto cultural.

Además, la producción de las piezas se realiza íntegramente en la Comunidad de Madrid mediante un modelo de fabricación de proximidad —KM0— que busca reducir el transporte y la huella de carbono asociada a la producción.

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Una tradición recuperada

La baldosa hidráulica fue una de las soluciones decorativas más extendidas en la arquitectura desde finales del siglo XIX. Su éxito radicaba en la posibilidad de reproducir una gran variedad de motivos ornamentales mediante un proceso artesanal relativamente flexible, capaz de adaptarse a superficies y configuraciones muy diversas. Este carácter híbrido —entre artesanía y producción seriada— contribuyó a su amplia difusión en edificios residenciales y espacios públicos de numerosas ciudades.

Con la expansión de la construcción industrializada durante la segunda mitad del siglo XX, su uso fue decayendo progresivamente. En Madrid, la última fábrica dedicada a este tipo de baldosas cerró en 1979.

Mosaista recuperó esta tradición a partir del año 2000 retomando la técnica desarrollada por Miguel Adrover en el siglo XIX, considerada una de las referencias históricas en la fabricación de baldosas hidráulicas. Desde entonces, la firma ha trabajado en la actualización de este patrimonio técnico mediante una combinación de métodos artesanales, materiales de proximidad y una orientación contemporánea del diseño.

El resultado es una producción que mantiene los principios fundamentales de la baldosa clásica —su estructura, sus procesos manuales y su carácter duradero— al tiempo que explora nuevas posibilidades formales y narrativas a través del diseño.

Arte para el suelo, diseño para el museo

La colección desarrollada junto al Museo Thyssen-Bornemisza se sitúa precisamente en esa intersección entre memoria técnica y reinterpretación contemporánea. Al trasladar fragmentos de obras de artistas clave de la modernidad a un soporte arquitectónico como la baldosa, el proyecto plantea una reflexión sobre la circulación de las imágenes entre distintos ámbitos culturales.

El gesto de “llevar el arte al suelo” —literal y simbólicamente— convierte el mosaico en un espacio de mediación entre el museo y la vida cotidiana. Las baldosas ya no son únicamente un elemento constructivo o decorativo: se transforman en una superficie narrativa donde la tradición artesanal dialoga con la historia del arte moderno.

La reinterpretación realizada por Carlota Pereiro refuerza esa lectura híbrida. Al extraer motivos, ritmos geométricos o fragmentos cromáticos de las obras originales y adaptarlos al lenguaje del mosaico hidráulico, la diseñadora propone una traducción material del imaginario pictórico de las vanguardias.

Así, composiciones asociadas al cubismo, al constructivismo o a la abstracción geométrica encuentran una nueva dimensión en la superficie del pavimento o en objetos domésticos como bandejas decorativas. El resultado no pretende reproducir literalmente las obras, sino activar una lectura contemporánea de sus lenguajes visuales.

Entre arte, diseño y cultura material

Más allá de su dimensión estética, el proyecto pone de relieve el valor cultural de los oficios y de los procesos de producción vinculados a la tradición artesanal. En un contexto donde la fabricación industrial domina gran parte de los objetos cotidianos, iniciativas como esta subrayan la importancia de preservar conocimientos técnicos históricos y adaptarlos a las sensibilidades actuales.

En ese sentido, la colaboración entre el museo, la diseñadora y el taller de Mosaista ilustra una tendencia cada vez más presente en el ámbito del diseño contemporáneo: la búsqueda de nuevas relaciones entre instituciones culturales, artesanos y creadores.

Las baldosas hidráulicas inspiradas en la colección Thyssen funcionan así como un ejemplo de cómo el patrimonio artístico puede proyectarse hacia otros territorios del diseño, generando objetos que combinan memoria histórica, innovación formal y producción responsable.

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Bandeja doble Juan Gris
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Bandeja doble Kandinsky
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Bandeja doble Kandinsky
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Bandeja doble van Doesburg
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Bandeja Mosaista Paul Klee

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