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Solecismos

El eterno aprendiz,

Las ganas de aprender,

El diseñador.

Nadie habla de enseñar,

Nadie habla de cómo nos enseñan a aprender.

Todo diseñador amenaza con convertirse en una herramienta. Todo depende de dónde se adquieran las características, de quién te ha “enseñado”, de quién has “aprendido”.
¿Quién enseña qué?

Caemos en la complicada figura del profesor de diseño, o de metodologías de diseño, o de proyectos. Existe un problema a la hora de definir la procedencia de la docencia en el ámbito de diseño, la experiencia profesional. Valorar un “profesor” que se vaya a dedicar a enseñar a los futuros diseñadores como enfrentarse al tedioso y horrible mundo “real”. Entonces se evalúa muchas veces al “docente” basándose en su propia experiencia en este campo, la “realidad”. Se genera por tanto una dependencia entre el conocimiento, la supeditación a la industria y la apertura a la misma. O lo que es lo mismo:

“Obedece para mandar y manda para obedecer”

Como consecuencia lógica se constriñe la posición de docencia al poder y por tanto se mantiene la tiranía del hay que enseñar bajo los estándares del mercado. Siempre enseñar, no se puede aprender. El profesor de metodología de diseño como trabajador obediente, el que te enseña a hacerlo como te dicen; como tirano, el que sabe lo que necesitas; como figura de autoridad, el que te corrige cuando no lo haces bien.

Siendo precisamente la opción de aquellos años de estudio los que deberían de servir como estímulo, como aprendizaje coordinado. Cuando, al final, acaban siendo, sin más, un acatar órdenes y enseñanza de la obediencia.

Docencia que posee “la verdad” que categoriza, que crea y diseña, diseñadores, hacedores y demiurgos supeditados a su “realidad”. Aquellas personas que seleccionan lo que los futuros diseñadores necesitarán, lo que la sociedad necesitará. Cayendo en la paradoja moralista de dónde proviene la potestad para evaluar…

Una docencia que se erige por encima de los demás, que hace exclusivo el aprendizaje y el proceso docente. Necesitas saber esto y esto y esto, te equivocas en aquello y aquello y aquello. Programas basados en la pretensión de los profesores, de las cabezas de despacho y de sus necesidades. Con un paternalismo sustentado en los mismos programas docentes, creados a través de aquello que un grupo minoritario considera, basado muchas más veces en políticas universitarias que en alguna necesidad “real”, como ellos claman.

¿Qué hay detrás de lo que se enseña?

Toda esta problemática proviene precisamente de la primera premisa, la necesidad de experiencia profesional. Puesto que se pasa a racionalizar la práctica docente según un principio de utilidad económica. No tiene más que enseñar quien más ha podido trabajar para el denominado mundo “real”, el trabajo no demuestra muchas veces la capacidad de aprendizaje o de docencia, si no de obediencia ya que el liberalismo está unido (…) al problema del costo del poder.

Más aún cuando el mundo empresarial empieza a mimetizar prácticas del mundo docente, los denominados “workshops”, talleres para algunos todavía, concursos, tan sólo para ejercer su propio proceso paralelo, tiránico, pero sobretodo absolutamente barato, trabajo gratis, esclavitud.

Se lleva a cabo un diseño industrial de la personalidad con la docencia. Se truncan los caminos de cada uno para adecuarnos a lo que se necesita en el mundo “real”. Si esto es docencia, si los dictados de la industria, las necesidades del mercado, dictan el aprendizaje mejor sería aprender a no enseñar.

Quizás lo mejor para que alguien enseñara a no aprender.
 

1 opinión en “Solecismos”

  1. Generalizar siempre es equivocarse (Hermann Keyserling)
    Me llamaras corpoativista o a lo mejor me consideras una excepcion pero no comparto en su mayoria tus comentarios. Como te escribo desde las vacaciones de mi pensamiento y desde el limitado teclado de mi Iphone solo decirte que si se enseña a aprender, si se enseña sin tirania y si que hay implicacion donde no lo academico tiene que ser siempre real. Un fuerte abrazo y pronto seguiremos debatiendo sobre tus limitados solecismos,
    Manolo

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