Un chocolate para chefs y amantes de la gastronomía ayudará a hacer feliz a la infancia de países productores en África
En el corazón del golfo de Guinea, en las islas de São Tomé y Príncipe, crece uno de los mejores cacaos del planeta. Llegó desde Brasil a comienzos del siglo XIX y, desde entonces, se ha convertido en fuente de sustento para miles de familias. Sin embargo, en este pequeño país africano se repite una paradoja que duele: los niños y niñas que viven rodeados de cacao, cuyos padres lo cultivan y recolectan, jamás han probado el chocolate.
Allí, donde casi la mitad de la población vive en la pobreza y el 99% de la producción se exporta, este alimento —que en otras partes del mundo se asocia a placer, celebración y bienestar— es un lujo desconocido. Un alimento soñado, pero ausente.

El chocolate que vuelve al origen
Frente a esa realidad nace Cacao Feliz, un proyecto social ideado por los publicistas Jorge Martínez y Daniel Acosta, junto al chef y pastelero Pol Contreras. Desde la asociación Co&Coa, proponen un gesto tan simple como revolucionario: elaborar y vender chocolate en Europa para financiar el acceso de la infancia africana a este alimento que, paradójicamente, nunca han podido disfrutar.
En este lugar, como en el resto de países productores del continente africano, se da una triste paradoja: los niños y niñas que viven rodeados de cacao, y cuyos padres trabajan en su cultivo y recolección, no han probado nunca el chocolate.
Durante el curso escolar 2026/27, el proyecto beneficiará a casi 400 alumnos de primaria en São Tomé y Príncipe, a quienes se les proporcionará cada día en la escuela una bebida elaborada con cacao, agua y especias. La idea es tan simbólica como concreta: devolver el cacao a su lugar de origen, no como materia prima de exportación, sino como parte de la dieta cotidiana, de la cultura y del bienestar.
El chocolate, elaborado a partir de las semillas del cacao, no solo aporta importantes nutrientes, sino que, gracias a su contenido en feniletilamina —un compuesto que estimula la secreción de dopamina—, es capaz de generar sensaciones de felicidad y placer. No es casual que desde la infancia lo asociemos con la alegría, la ternura o la celebración.
Ética, origen y felicidad
El proyecto Cacao Feliz, desarrollado junto a Kankel Cacao, la marca fundada por Juan Ángel Rodrigálvez, Premio Nacional de Gastronomía y pionero del movimiento Bean to Bar, busca algo más que producir un chocolate de excelencia. En palabras del propio Rodrigálvez: “Con este proyecto hemos querido ayudar a Co&Coa a llevar el chocolate de vuelta a quienes lo hacen posible. A sus pueblos, a sus escuelas, y a sus hijos, porque no basta con buscar la excelencia si no hay honestidad y responsabilidad.”
Esta afirmación resume la filosofía detrás de Cacao Feliz: una propuesta que entiende el cacao no solo como producto gastronómico, sino como vehículo de justicia social y símbolo de interdependencia. Cada tableta de chocolate vendida no es solo un placer sensorial, sino una contribución a una nueva ética de consumo donde la felicidad —como la sostenibilidad— se construye compartiendo.





Una red de colaboración
El proyecto ha tejido una extensa red de alianzas internacionales. Junto a Kankel Cacao y CECAQ-11, cooperativa local de São Tomé y Príncipe, participan Daarnhouwer —uno de los mayores importadores de cacao de Europa—, el chef João Carlos Silva, embajador cultural del país, y la organización Euro-Toques, que agrupa a más de 850 cocineros en toda España.
Gracias a esta colaboración, Cacao Feliz busca llegar no solo a los grandes nombres de la alta cocina, sino también a los profesionales y aficionados que desean cocinar con propósito. A través de la iniciativa “Amigos de Euro-Toques”, cualquier persona puede sumarse comprando dos tabletas de Cacao Feliz y así contribuir a esta comunidad solidaria.
Entre los cocineros que ya están apoyando esta iniciativa se encuentra el chef Andoni Luis Aduriz, que utiliza Cacao Feliz en el postre del menú degustación de su restaurante Mugaritz, en Errentería. En palabras del propio chef: “Cuando comemos una onza de chocolate se nos olvida pensar qué está pasando al otro lado. Países productores de cacao como São Tomé y Príncipe, donde los niños nunca han probado el chocolate. Tenemos que lograr revertir esta situación entre todos y generar un impacto económico positivo y transformador para que los primeros que puedan disfrutar de este cacao sean aquellos que lo producen.”
Ciencia y cooperación
El beneficio de la venta de Cacao Feliz financiará un innovador proyecto de cooperación en las escuelas de São Tomé y Príncipe, en colaboración con el Ministerio de Educación y su Programa de Salud y Alimentación Escolar. Será la primera vez que el cacao forme parte de la cesta de alimentos escolares, garantizando al menos una comida diaria que cubra las necesidades básicas de los niños.
El programa incluirá el seguimiento de una psicóloga y una nutricionista, que medirán el impacto del consumo de cacao en la salud y el desarrollo de los niños que nunca antes lo habían probado. Se trata de un estudio pionero que aspira a convertirse en modelo para otras regiones productoras.
Jorge Martínez y Daniel Acosta, fundadores de Co&Coa, lo definen con claridad: “Cacao Feliz es mucho más que un chocolate. Es un relato que nos habla del inmenso valor de la colaboración y la solidaridad para generar felicidad en aquellos que más la necesitan, porque la felicidad solo es real cuando es compartida.”




Diseño con propósito
En colaboración con el estudio de diseño F33, los impulsores de Co&Coa han querido crear una marca capaz de transmitir la idea de felicidad que da sentido a todo su proyecto.
La dimensión ética del proyecto no se limita a su fin social. También se expresa en su imagen visual. El diseño del packaging de Cacao Feliz rompe con el lenguaje clásico de los productos gourmet: es fresco, alegre, incluso lúdico. Una haba de cacao sonriente recorre un viaje de ida y vuelta, evocando la circularidad del gesto —del origen al destino, del productor al consumidor y de vuelta al origen—.
Ese recorrido visual refuerza el sentido del proyecto: la felicidad se construye en movimiento, a través del intercambio. No hay placer individual posible sin conciencia colectiva. En un mercado saturado de discursos de lujo, Cacao Feliz propone una estética de la empatía.
El poder del diseño para transformar
Más allá de su evidente valor gastronómico, Cacao Feliz encarna una nueva manera de pensar el diseño y la comunicación: como herramientas de cambio social. Su fortaleza no reside solo en la historia que cuenta, sino en cómo la cuenta. En un mundo acostumbrado a consumir sin pensar, proyectos como éste reeducan nuestra sensibilidad, nos recuerdan que detrás de cada placer cotidiano hay un ecosistema humano que merece ser reconocido.
El cacao, en su viaje de ida y vuelta, se convierte en metáfora de algo más profundo: la posibilidad de restituir vínculos entre quienes producen y quienes disfrutan, entre quienes tienen y quienes esperan.
En ese sentido, Cacao Feliz no es solo un producto ni una campaña solidaria: es una acción de diseño con propósito, una declaración ética sobre la felicidad compartida. En su aparente sencillez late una poderosa idea contemporánea: que el placer también puede ser responsable, que la belleza y la bondad pueden convivir en una misma tableta de chocolate.









Más información: cacaofeliz.org
Disponible para la venta en: Kankelcacao.com
Este artículo forma parte del número 102 de Experimenta: Transición










