Un descenso a los sótanos de la gráfica polaca. Así es como se vislumbran en el imaginario los afiches de Federico Villagra. En especial la obra gráfica de Roman Cieślewicz y Waldemar Świerzy, entre otros diseñadores esenciales de la tradición del afiche de posguerra. También los franceses Michel Quarez y Grapus (o las leyendas Pierre Bernard, François Miehe, Gérard Paris-Clavel, Jean-Paul Bachollet y Alex Jordan), cuya obra gráfica Federico Villagra conoció en la Universidad de Buenos Aires y vuelven con fuerza después de sus estudios. “Todavía hoy me cuesta entender cómo Grapus lograba hacer esas piezas en ese contexto histórico. Estaban varios pasos adelante de su época”, dice el diseñador. Influencias que cambiaron su propia interpretación del diseño con el paso de los años.
Sin embargo, uno de sus días más vitales para su carrera en ciernes fue conocer a Anabella Salem y Gabriel Mateu de El Fantasma de Heredia, quienes lo invitaron a participar del taller “Afiches Voladores”. “Siento que fue un antes y un después. Mucho de lo que soy hoy como diseñador está atravesado por esa experiencia” –dice Federico– “lo que más me impactó de ellos fue la seguridad y la sensibilidad con la que entienden el diseño. Hay algo muy humano y muy directo en su manera de trabajar: una mezcla de sencillez, intuición y expresión que me fascina.”
Precisamente, junto a El Fantasma de Heredia obtuvo la medalla de plata en el concurso “Steps”, dentro de la Bienal de Varsovia, en Polonia. Federico Villagra también recibió el premio “Best Creative Award” por un proyecto para la Couplet Culture en Hangzhou, en China. Además, participó en exposiciones y muestras en Francia, Uruguay, Austria y Ucrania, dos países donde participó por los 40 años de la tragedia de Chernobyl.
“Hay diseñadores que me interesan más por su manera de pensar que solamente por una cuestión estética. Uno de ellos es Braulio Amado”, dice acerca de sus influencias más cercanas en el tiempo. “Me gusta mucho esa capacidad que tiene de no tener miedo al error, de probar cosas y de incorporar elementos cotidianos e inesperados dentro de sus piezas. Hay algo muy libre en su trabajo que me resulta muy inspirador”. Otros que cita con admiración, y no es para menos: Studio Helmo y Peter Bankov.





Para Federico Villagra, el afiche representa una forma muy personal de expresión, un espacio donde volcar pensamientos, tensiones, miedos y contradicciones sobre el mundo que lo rodea. Lo atrapa la idea de sumar a causas o problemáticas que considera vitales. Para él, “cuando una pieza logra dejar pensando a alguien, incomodarlo u obligarlo a mirar un problema desde otro lugar, el diseño ya está haciendo muchísimo más que decorar.”
En este contexto de urgencias, el diseñador cree que se valora más la rapidez que la profundidad, donde “las imágenes circulan de manera instantánea y eso hace que, en ciertos casos, las cosas se produzcan sin demasiado tiempo de reflexión. A veces da un poco de pena porque el diseño termina perdiendo parte de su intención o sensibilidad.” Entender que el diseño comunica, genera sentido e influye en determinadas realidades es una de una de sus consignas frente el diseño de afiches, pese a que “la disciplina muta constantemente y debemos aprender a convivir con esas transformaciones sin perder nuestra propia mirada.”
En la actualidad Federico Villagra se encuentra ocupado con distintos proyectos al mismo tiempo, entre clientes y su propia exploración autoral, y aclara para terminar, “me cuesta mucho quedarme quieto; siento que estar creando, probando y empezando cosas nuevas es una parte fundamental de cómo vivo el diseño.”












