Jorge Frascara: diseñar para la gente

Jorge Frascara. Diseñar para la gente

Con la reciente partida del diseñador, investigador y profesor Jorge Frascara (nacido en Buenos Aires en 1939 y radicado en Canadá desde 1976), el campo del diseño gráfico y la comunicación pierde a una de sus voces más influyentes y humanistas del último medio siglo. Frascara dedicó su vida profesional y académica a pensar el diseño como un acto de responsabilidad social, centrado en las personas y la claridad del mensaje; una visión que ha dejado una huella profunda en generaciones de diseñadores y educadores de todo el mundo. 

Más allá de su labor como profesor en la University of Alberta, presidente de Icograda y asesor internacional en diseño de la información, su legado también se sostiene en una obra editorial extensa y relevante. Entre los títulos fundamentales que contribuyeron a configurar la teoría y la práctica del diseño contemporáneo se encuentran clásicos como Diseño Gráfico y Comunicación (1988), que establece los fundamentos del pensamiento comunicacional aplicado al diseño; Diseño Gráfico para la Gente: Comunicaciones de Masa y Cambio Social (1997), El diseño de comunicación (2006), una actualización ampliada de ese enfoque; ¿Qué es el diseño de información? (2011), que aborda el diseño como disciplina al servicio de la claridad y efectividad informativa; y Enseñando diseño: Usuarios, Contextos Objetivos y Métodos de Investigación (2018), que explora métodos y desafíos para formar a nuevas generaciones de diseñadores. 

Desde Experimenta queremos rendirle homenaje, publicando un fragmento de una entrevista inédita que le realicé a Frascara en el año 2001 –en el estudio del maestro Rubén Fontana– y que formaría parte de un libro de diálogos que nunca llegó a ver la luz. Una entrevista que repasa su vida profesional, sus reflexiones sobre el diseño centrado en las personas y sus aportes más duraderos. Una entrevista que, aún a 25 años de su realización, mantiene vigencia.

En el próximo número 104 de la Revista Experimenta, publicaremos la entrevista completa. 

Un testimonio valioso que, hoy más que nunca, ilumina el sentido profundo del diseño en nuestras sociedades.

Jorge Frascara: diseñar para la gente

¿Cuando publicaste tu primer libro?
Eso fue cuando tuve mi primer año sabático en Canadá, en el año 1983/84. El año sabático es un año que se da sin tener obligaciones de enseñanza, en donde se debe hacer algo…

Producción académica…
Si. O un proyecto de diseño de calidad meritoria, o un trabajo substancial teórico. Entonces lo que hice ahí, fue mirar todas mis notas de enseñanza que había realizado en los últimos siete años en Canadá, que parten de cosas desarrolladas en Argentina particularmente después del año 1970. Y de allí armé el libro; que después tardé otros dos años en pulirlo y terminarlo.

Que fue “Diseño y Comunicación Visual”…
Correcto. Salió a la calle en 1988.

¿Y qué expectativas tenías con ese material?
A mi me parecía útil. Y después, aparentemente, resultó útil. Es un libro que se ha leído mucho –se han publicado siete ediciones-, y encuentro además gente que me escribe sobre él. Siempre opté por poner mi dirección (ahora pongo mi dirección electrónica también) porque me parece que cuando uno absorbe el tiempo de una persona para que lea un libro, tiene que estar dispuesto a recibir los cachetazos. El poner la dirección, era abrir el diálogo, fundamental en todo proceso de enseñanza/aprendizaje. 

Entonces han escrito de todas partes de Latinoamérica, y de remotos lugares de la Argentina misma, con reconocimiento y con preguntas a veces, por lo que intuyo que es un libro que se ha leído.

Luego “Diseño Gráfico para la gente” salió en 1997, y fue el producto de mi segundo año sabático (1993/94). Y más tarde “El poder de la imagen”, que salió en 1999, en parte porque ahora estoy tomando mayor velocidad en el trabajo teórico, y en parte porque hay un montón de material mio publicado en inglés que de alguna manera lo reacomodé y usé para configurar este libro.

“Diseño Gráfico para la gente” tiene dos partes fundamentales; una que tiene que ver con un proyecto propio y otra en la que invitas a otros colegas a escribir…
En realidad tiene tres partes. Una que es una reflexión sobre aspectos generales del diseño…

Casi un complemento de tu primer libro…
Claro. Es un paso adelante, conceptualmente más abarcador y más sofisticado. Es para un estudiante más avanzado o una persona que esté en la práctica profesional, que pueda entender ciertas cosas más sutiles. Eso es el capítulo primero y segundo (este último es más sobre metodología). El capítulo tercero que es dedicado a la campaña de educación vial, es para anclar de alguna manera lo anterior a través de un ejemplo.

Recuerdo haber presenciado hace años una conferencia tuya en la que mostrabas este proyecto en una fase anterior. Me llamó la atención verlo publicado en el libro, desarrollado casi en una fase definitiva…
Si, y todavía está en desarrollo, esas cosas nunca se terminan. Y la tercera parte del libro está desarrollada a partir de esta gente que yo invité, porque me parece importante que sea claro que lo que yo pienso acerca del diseño es una manera de hablar acerca de esto. Lógicamente hay una elección de un cierto enfoque, pero me parecía importante porque esta gente, a la que aprecio personal e intelectualmente, son como un regalo para el lector. Y además porque alguno de ellos no había podido ser leído hasta ese momento en castellano.

El capítulo de Meurer es muy interesante…
Si, él es muy interesante. Hace poco pasó por unos minutos por Buenos Aires y dió una conferencia en la Universidad de Buenos Aires.

Pero me gustaría decir que desde la práctica yo no he tenido ninguna influencia en el diseño argentino. Sí fui maestro de algunos jóvenes que vinieron a la Escuela Panamericana de Arte y aprendieron algunas cosas conmigo; pero fundamentalmente empiezo a trabajar para la Argentina de “madurito”.

Mi primer libro no se puede decir que tenga un impacto en el diseño argentino, pero es un libro que se ha leído mucho y hay mucha gente que lo ha tomado como punto de partida. Y “Diseño Gráfico para la gente” me parece importante porque provee un modelo de trabajo para el bien público, que es un área de aplicación que en la Argentina está muy poco desarrollado. Y aunque haya experiencia de campañas para el bien público, esas campañas en general no están maduradas como el tipo de trabajo que muestro allí.

Jorge Frascara: diseñar para la gente

«La medida de la calidad del diseño no tiene nada que ver con la evaluación de su nivel estético en relación con ciertos paradigmas universales; eso no existe.»

Hace algunos días conversaba con Norberto Chaves sobre las campañas de Bien Público, en especial las dirigidas a la prevención del SIDA. Me llamaba poderosamente la atención (incluso Norberto las tildaba de criminales) como no se llegaba a entender claramente el mensaje por un exceso de “sutileza estilística” en el diseño, donde la contundencia del mensaje quedaba anulada por una cuestión puramente estética.
Claro, pasa por un problema estilístico. A veces los creativos tienen una tendencia a manejar ciertos códigos que solamente los creativos comprenden, ignorando totalmente cual es el idioma del público al que le están hablando. Uno mismo, vos y yo, podemos mirar y decir “que inteligente, que perspicaz”, pero después nadie entiende de qué se trata. Y allí es donde se produce la fractura. Lo que falta en general es, a mi juicio, un buen estudio del perfil cognitivo, humano, cultural, del público al que el mensaje se dirige.

Después de esto te voy a preguntar una obviedad; ¿cuál es la verdadera función del diseño?
Yo pienso que el centro de mi problema es lograr una modificación en la conducta, el pensamiento, el conocimiento o en la actitud de la gente a la que está dirigida la pieza de diseño. La medida de la calidad del diseño no tiene nada que ver con la evaluación de su nivel estético en relación con ciertos paradigmas universales; eso no existe.

La medida del éxito tiene que ver con el resultado que se obtenga en relación con el objetivo que uno persiga. Es decir, si yo persigo vender grabadores a cassette y hago un afiche fantástico con el que gano el primer premio de un concurso internacional en Nueva York, y los grabadores no se venden, es un fracaso. Lo mismo pasa con la seguridad vial: si yo imagino una fantástica campaña, muy inteligente en su aspecto superficial, estilístico y verbal, y la gente sigue matándose, no sirve. El centro del problema del diseñador de comunicación visual es comprender suficientemente al interlocutor para tocar las sensibilidades donde hay que tocarlas, y promover los cambios buscados.

Un oficio que empieza como una especie de alma mater de la producción industrial –si bien es mucho más antiguo que ésta-; ¿cómo se resignifica para llegar a cumplir una función social concreta?
Inicialmente la producción industrial tenía un objetivo social. Un objetivo social que era el de facilitar ciertas tareas. Cuando se inventa la máquina a vapor, su destino era mover máquinas pesadísimas que multiplicaban el poder del hombre en una fábrica de lo que sea. Luego se les ocurrió ponerle ruedas, y la misma máquina de vapor empezó a tirar de trenes…

Es decir, el objetivo inicial de la revolución industrial era el de incrementar la productividad para poder hacer más plata con esa productividad mayor, a través de la facilitación de las tareas, de la multiplicación de la fuerza humana o animal. Todo era aparentemente, en la mente de esa gente del siglo XIX, estrategias para mejorar el nivel de vida. Después se transformaron en estrategias para ganar más plata de parte de la gente que gestiona  a estos recursos humanos e industriales. No se trata de inventar algo ahora, pero ciertamente el diseño gráfico es comunicación visual y las mejores estrategias usadas para promover ideas se desarrollaron en el centro del marketing. La publicidad de tipo naïve, inocente, que funcionó hasta los años ’40, en los años ’50 –cuando se inventa la estrategia de marketing- adquiere un perfil muy distinto. Esa experiencia de marketing es la que se usa para hacer lo que llamamos en Norteamérica “marketing social”; más allá de la contradicción del término, es así.

«El centro del problema del diseñador de comunicación visual es comprender suficientemente al interlocutor para tocar las sensibilidades donde hay que tocarlas, y promover los cambios buscados.»

Orientada a ONG’s y organismos públicos…
Claro, ahora lo que se está viendo es hasta que punto las comunicaciones visuales que contribuyen a activar el mercado de consumo, se pueden usar también para que la gente acceda a ciertas ideas relativas a la seguridad, la salud, los servicios, etc.; los que en definitiva ayudan a vivir mejor.

En ocasiones el avance de los procesos tecnológicos producen un retroceso en nuestra capacidad de absorción de esos mismos procesos; por lo que mayor información no garantiza mayor conocimiento. Pero a partir de esto, de una mayor exposición e intercambio de información, ¿creés que le permitió evolucionar al diseño?, ¿o se ha estancado desde el punto de vista “filosófico”?
Hay una serie de cosas. Una que es negativa: ahora como diseñadores somos responsables de la totalidad del documento electrónico y el impresor lo único que hace es poner la máquina e ir para adelante. Antes era distinto, el impresor tenía ciertas responsabilidades de producción que nos aliviaba a nosotros de esa responsabilidad final.

En términos de la influencia a nivel conceptual, pienso que es un desafío muy interesante esto de los medios electrónicos. Y una de las cosas fundamentales es que cuando entramos en el CD ROM particularmente, y en la interactividad que siempre ha existido –uno entiende un afiche a través de la interacción con el afiche, no es una cosa pasiva en la que los mensajes se reciben (como dicen en una definición tonta de emisor y receptor)- pero en este momento en que se usa la palabra interactividad más concientemente, el diseñador ha tomado conciencia de que eso existe. La mayoría de la gente posiblemente todavía no comprende como funciona esta interactividad, pero tiene que usarla. Entonces en el proceso, cuando haya mayor familiaridad con esa noción, el diseño va a haber crecido enfrentando el desafío. Y si las cosas van bien, en el futuro la información será más accesible, los sistemas de interacción serán más comprensibles, y las tareas rutinarias de aprendizaje de cómo funciona una cosa u otra serán más fáciles de enfrentar.

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