La columna de Luis Montero: El humano disminuido.

Frente al tan cacareado humano aumentado, ese humano cuyas capacidades son reforzadas por implantes tecnológicos, programas varios y las inminentes modificaciones genéticas, John Sandel propone lo contrario, el humano disminuido, un humano cuyas capacidades son recortadas por otros implantes tecnológicos, programas varios y las inminentes modificaciones genéticas.

La columna de Chema Aznar: Brainstorm

Un grupo de investigación de un “instituto o fundación independiente” de California descubre la «transmitabilidad» de la actividad cerebral, mediado por un sistema complejo, transfiriendo a otras personas sensaciones, experiencias, comportamientos, pensamientos, conductas e incluso estados psicóticos, etcétera. Estamos hablando de la película Proyecto Brainstorm1, estrenada en el año 1983.

La columna de Luis Montero: Dos sonrisas.

«Soy la última superviviente de la última generación que va a morir. La única superviviente de la última generación antes de la modificación genética masiva. La última humana cuyo código genético no fue diseñado para una regeneración automatizada, continua de su tejido celular. La última vieja.

La columna de Luis Montero: Troppo vero!

TroVero era una compañía fundada por Thomas Rembrandt, que pretendía emular en sus clientes la reacción de Inocencio X cuando contempló el retrato pintado por Velázquez. «Troppo vero!», exclamó el papa al verse ante sí mismo visto como era visto por los otros. Demasiado veraz. TroVero, a partir del análisis de las…

La columna de Mane Tatulyan: Lo Virtual y lo Viral

La cuestión de lo viral ya no pertenece solo a la biología. Nuestra nueva virulencia (la digital) crece en la biosfera de la información, propia de los medios y sus circuitos, generando compulsión y excentricidad en todos los sistemas. Las cosas «se vuelven virales» en las redes y luego desaparecen (parece que el destino de los virus acabaría siendo el mismo que el de todo lo demás,…

La columna de Eugenio Vega: Perdidos en el espacio (y en el tiempo)

En una guía de la ciudad de Toledo, publicada en 1929, se hacía un encendido elogio a la cortesía de los naturales de la ciudad imperial hacia sus frecuentes visitantes: “la indicación de direcciones de la ciudad es innecesaria [en estas páginas], puesto que los guardias municipales, o cualquier ciudadano (todos amabilísimos), cumplirán gustosos siempre con el deber de decir dónde están situados” los lugares principales (González Simancas, 1929).