La columna de Joan Costa en Experimenta

La columna de Eugenio Vega: Correspondencia (sin acuse de recibo)

“¡No conviene perder la buena costumbre de escribir! Aunque sea poquito, yo te ruego que no dejes de hacerlo” (Sorolla a Clotilde, Granada, 24 de noviembre de 1909).

I

Una fotografía tomada en 1931 muestra al canciller Heinrich Brünning y a su ministro de Asuntos Exteriores despidiendo al premier británico Ramsey MacDonald en el aeródromo de Tempelhof  en Berlín. Como cualquier imagen, recoge solo parte de un acontecimiento y deja sin explicar aspectos fundamentales de lo que allí sucedía. ChatGPT describe la foto como “dignatarios saludando en el puerto”, como en la canción de Concha Piquer. Con esos mimbres no pueden hacerse muchos cestos. Se saben más cosas de aquel encuentro por las actas de las reuniones que celebraron, por las referencias que los propios protagonistas hicieron en algunos libros o por las entrevistas que concedieron a la prensa y a los noticiarios cinematográficos. Viendo solo la fotografía es difícil adivinar la inestabilidad política en la que vivía el gobierno alemán. Si Brünning no hubiera abandonado Alemania un par de años después, habría sido asesinado como lo fue su sucesor Kurt von Schleicher (Kershaw, 1999).

La columna de Eugenio Vega: Correspondencia (sin acuse de recibo)
El canciller Heinrich Brünning (a la izquierda) junto a su ministro de Exteriores, Julius Curtius en el aeródromo de Tempelhof, a las afueras de Berlín, despidiendo (efusivamente) a Ramsey MacDonald en julio de 1931. Fotografía de autor desconocido. Bundesarchiv (CC BY-SA 3.0).

Las memorias de los políticos de cualquier época suelen mostrar una visión parcial de los hechos y tienden a mejorar la imagen de quien los escribió. Pero el contraste de lo narrado por unos y por otros proporciona información suficiente como para reconstruir el pasado con algunas garantías.

II

Si difícil es recomponer un suceso que tuvo lugar hace más de noventa años, ¿cómo podemos confiar en las crónicas medievales o en los relatos del mundo antiguo, donde los protagonistas no dejaron testimonios personales y las fuentes a las que tenemos acceso no son suficientemente fiables?

En 1932 el arqueólogo aragonés Juan Cabré comenzó a excavar los poblados de las Cogotas y la Mesa de Miranda. Hay numerosas fotografías en las que a aparece junto a su hija Encarnación en la complicada tarea de recomponer la vida de aquellos pueblos prerromanos en términos comprensibles para los españoles del siglo pasado. No hay certeza absoluta de las conclusiones que Cabré extrajo de aquellas fuentes, pero son el único fundamento para una explicación razonable (Álvarez Sanchis, 2003).

La reinvención histórica es una práctica habitual en la construcción de esas “comunidades imaginadas” que para Anderson son las naciones modernas (Anderson, 1983). La imprenta fue, en su opinión, un instrumento decisivo para integrar en esas comunidades a gentes que nunca llegarían a conocerse. Hoy, ese propósito ha quedado en manos de unas redes digitales en las que los seres humanos comparten la interpretación del pasado con aplicaciones de inteligencia artificial.

La columna de Eugenio Vega: Correspondencia (sin acuse de recibo)
Objetos hallados en la necrópolis de las Cogotas por el arqueólogo Juan Cabré en una fotografía tomada, probablemente, en 1930. Archivo Cabré. Instituto del Patrimonio Cultural de España, Ministerio de Cultura.

Desde finales del siglo XX, los boletines oficiales en los que se publican las leyes abandonaron el papel y solo se difunden digitalmente. Las razones de esa decisión son tan obvias que no merece la pena recordarlas. Pero, de la mayoría de esos contenidos no hay una versión impresa que permita recuperar la información en caso de que la versión digital no fuera accesible. En los últimos treinta años, de forma paralela a la expansión de la cultura digital, han comenzado a desaparecer muchos contenidos de los publicados en Internet. La red está llena de enlaces rotos a blogs o documentos que han desaparecido para siempre. Antes de que todo esto sucediera, de los libros impresos se guardaban ejemplares en bibliotecas públicas e instituciones educativas. Sin embargo, los documentos electrónicos tan solo perviven en una ubicación virtual de la que pueden desaparecer por cualquier motivo.

III

La familia de Javier Marías ha vendido al Ministerio de Cultura el archivo personal del escritor que incluye anotaciones y documentos a partir de los que elaboró sus obras. Entre el material que pasará a formar parte de la Biblioteca Nacional, se incluyen “los originales mecanografiados de todas sus novelas, acompañados de sus respectivos borradores con anotaciones a mano, correcciones y galeradas […] y la práctica totalidad de su correspondencia personal y profesional” (Nuño, 2026). Todos estos papeles permitirán comprender su relación con los editores e, incluso, el sentido de sus libros.

La ambiciosa edición de la correspondencia de Joan Fuster, iniciada a principios de este siglo, recoge las cartas que el autor valenciano mantuvo con editores y amigos a lo largo su vida. Gracias a sus más de veinte volúmenes, es posible interpretar su actividad literaria y política con verdadero rigor (Fuster, 2005). Lo mismo puede decirse de los escritos que intercambiaron Goya y Martín Zapater, tan necesarios para entender el contexto histórico en que vivió el pintor aragonés (Goya, 1982).

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Clotilde García del Castillo en uno de los muchos retratos en que Joaquín Sorolla pintó de su esposa (fragmento). Óleo sobre lienzo, 110 x 180 cm. Museo Sorolla.

Más esclarecedora aún es la correspondencia privada entre Joaquín Sorolla y Clotilde García del Castillo que comenzó a publicarse en la pasada década. La presencia constante de su esposa en todas esas cartas contribuyó a liberar al pintor de preocupaciones cotidianas que suponían un obstáculo para sus preocupaciones artísticas. En ellas, Sorolla consultaba con Clotilde asuntos concernientes a su obra y le informaba de las consecuencias económicas de sus gestiones:

“Gracias a Dios ya se rompió el fuego, he vendido por valor de 30.000 francos. Tu retrato quedó para nosotros, tu carta me decidió a no venderlo, y fue sustituida la venta por otro cuadro. Hoy he decidido algo que creo de gran trascendencia para nuestro porvenir artístico en Nueva York con ventajas admirables, ni lo de Paris se puede comparar” (Sorolla a Clotilde, Londres 15 de mayo 1908)

Con sus cartas, Clotilde dio la tranquilidad emocional a un hombre obsesionado por la  pintura para el que todo lo demás era irrelevante. La correspondencia que conocemos permite comprobar cómo se convirtió en una eficaz administradora de toda su actividad artística (Martínez Ruiz, 2012, 108).

¿Pero cómo podrán ser accesibles los correos electrónicos y los mensajes de WhatsApp que han intercambiado los seres humanos en la más reciente era digital, educados como están en el manejo de unas herramientas cuya tecnología es tan vulnerable? Quienes escriben novelas o ensayos se comunican con sus editores a través de comunicaciones digitales, como hacemos todos. Cierto es que esa información podría, no solo copiarse para su almacenamiento sino imprimirse para ser archivada físicamente. Pero, casi siempre, desaparece poco después de haber cumplido su propósito. Conservar archivos digitales no es tan sencillo como guardar cartas, fotografías y anotaciones en carpetas de plástico. En realidad, la mayoría de las personas se ven desbordadas cuando su ordenador se comporta de manera extraña porque carecen de conocimientos para comprender esos problemas.

La cantidad de correos y mensajes electrónicos que se producen cada día es inmensa. Ya a finales del siglo pasado, The Economist advertía acerca el impacto de Internet en el consumo de papel: cada mañana se imprimían millones de correos y documentos electrónicos que nunca serían leídos por falta de tiempo. Ahora ni se imprimen y ni siquiera, en muchos casos, llegan a despertar el suficiente interés como para leerlos. Los correos van a parar a una papelera virtual en la que nadie tendrá mucho interés en buscarlos, salvo que puedan servir como prueba en un pleito legal.

Por otra parte, Internet es inestable. El acceso a los documentos que almacena la red depende tanto de la voluntad de quienes los han subido como de las actualizaciones del software que permite abrirlos. La predilección de los usuarios por los archivos en PDF tiene que ver con su paradójica capacidad para simular los documentos impresos. Pero, Adobe puede decidir en cualquier momento que Acrobat deje de funcionar como lo hace. Aunque existen otras aplicaciones de software libre para abrir esos archivos, no siempre restituyen su contenido o su disposición gráfica como uno quisiera.

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Carta manuscrita de Joaquín Sorolla al conde de Villagonzalo, fechada en julio de 1907 en el que se incluyen unos sencillos bocetos de los cuadros del rey Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia que el artista valenciano estaba pintando en esas fechas. Archivo Histórico de la Nobleza. Ministerio de Cultura.

Para colmo de males, cada vez hay más interlocutores no humanos en Internet. La inteligencia artificial y el contenido generado de forma automática dejan en un segunda plano la actividad de las personas corrientes. Muchos usuarios llegan a escribir en ChatGPT, y otras aplicaciones similares, como si al otro lado de la red hubiera una persona de carne y hueso que conocen de toda la vida. Pero la eficacia cada vez mayor de estos sistemas digitales no garantiza la fiabilidad de sus fuentes ni la lógica de sus razonamientos, como sucede con los seres humanos. Quizá sea necesario compaginar estas nuevas prácticas con otras que obligan a un mayor compromiso emocional. Como recomendaba Sorolla a su esposa Clotilde, “no conviene perder la buena costumbre de escribir, aunque sea poquito”.

Referencias

Álvarez Sanchis (2003) Los vettones. Madrid, Real Academia de la Historía.

Anderson, Benedict (1983) Imagined Communities: Reflections on the Origin and Spread of Nationalism. Londres, Verso.

EFE (2023) “Hallan seis cartas inéditas de Joaquín Sorolla con bocetos de retratos y reflexiones”, en El Mundo, 4 de octubre de 2023.

Fuster, Joan (2005) Correspondència. Edición de Antoni Furió. Valencia, Tres i Quatre.

Goya, Francisco de (1982) Cartas a Martín Zapater. Madrid, Ediciones Turner.

Lorente, Víctor y Blanca Pons ed. (2013) Epistolarios de Joaquín Sorolla. Correspondencia con Clotilde García del Castillo. Barcelona, ‎Editorial Anthropos.

Martínez Ruiz, María José (2012) Museo Sorolla, el excepcional legado de Clotilde García del Castillo. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, Fundación Museo Sorolla

Nuño, Ada (2026) “El Ministerio de Cultura adquiere por 500.000 euros el archivo personal de Javier Marías para la Biblioteca Nacional”, en El Confidencial, 7 de octubre de 2026.

Pérez Galdós (2016) Correspondencia. Madrid, Cátedra.

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