La columna de Joan Costa en Experimenta

La columna de Eugenio Vega: Vaya par de gemelas

“No soporto la verdad, es tan aburrida como la responsabilidad social”
Philip Johnson, en conversación con Robert A. M. Stern (citado en Lamster, 2018).

El arquitecto norteamericano Philip Johnson (1906-2005) fue uno de los más famosos del siglo pasado. Su longevidad le permitió practicar la arquitectura como quiso: si en su juventud se empeñó en impulsar el racionalismo, en su vejez se dedicó a construir obras levemente postmodernas como el edificio de la AT&T en Nueva York. Johnson organizó en 1932, junto al historiador Henry-Russell Hitchcock, la exposición Modern Architecture en el Museum of Modern Art, con imágenes y maquetas de los edificios más representativos de Le Corbusier, Gropius o Mies van der Rohe. Allí se acuñó la expresión Estilo Internacional, debida a quien era en aquel momento director del museo, Alfred R. Barr. Un par de años después, organizó también la muestra Machine Art, una primera aproximación a la máquina como expresión artística de la era industrial.

Philip Johnson en la presentación de su proyecto para la ampliación de la Biblioteca Central de la ciudad de Boston en febrero de 1967. Creative Commons CCBY2.0, City of Boston Archives.
Philip Johnson en la presentación de su proyecto para la ampliación de la Biblioteca Central de la ciudad de Boston en febrero de 1967. Creative Commons CCBY2.0, City of Boston Archives.

Como sucede con otros tantos personajes de campanillas, han vuelto a salir a la luz algunos aspectos oscuros de la larga vida de Johnson que, aunque eran sabidos, parecían olvidados por respeto al personaje. A finales de 2020, la Graduate School of Design de la Universidad de Harvard decidió quitar a una de sus residencias la denominación Philip Johnson Thesis House para que, a partir de se momento se conociera simplemente por la dirección en que está ubicada: 9, Ash Street. 

La medida, anunciada por la decana de la institución, Sarah M. Whiting, se produjo días después de que lo hubiera pedido un grupo de activistas ocupados en hacer público el racismo de Johnson y su vinculación nacionalsocialista. En un una carta pública dirigida a la Universidad de Harvard y al MoMA, pedían que quitaran a Johnson los títulos y reconocimientos que le hubieran otorgado (Hickman, 2020). Entre quienes promovieron esa iniciativa se encontraban los arquitectos que participan actualmente en la exposición, Reconstructions: Architecture and Blackness in America, abierta hasta finales de mayo de 2021 en el Museum of Modern Art de Nueva York.

I

La admiración por el nazismo de Philip Johnson era conocida en los años previos a la Segunda Guerra Mundial hasta el punto de que, en 1940, el Harper’s Magazine lo incluyó entre los nacionalsocialistas más destacados del país (Wortman, 2016). Esa inclinación le acercó también a las ideas eugenésicas y al racismo antisemita que aparecen con frecuencia en sus declaraciones y escritos (Varnelis, 1995, 93).

Como muchos otros, Johnson se había interesado por la arquitectura fascista italiana, pero su curiosidad no se limitó a lo exclusivamente formal, había también un interés más profundo por el nuevo orden que impulsaban los regímenes fascistas. No debe olvidarse que, incluso tras la victoria de Roosevelt, eran habituales en Estados Unidos los mítines de los grupos nazis en los que se acusaba al presidente de ser un títere a sueldo del judaísmo internacional. Johnson se inspiró en la arquitectura del fascismo italiano para diseñar los mítines del padre Coughlin, un sacerdote católico que se metió en política apoyando a Roosevelt, pero que pronto se convirtió en un líder antisemita, declarado seguidor de Hitler y Mussolini.

El interés por la escenografía del NSDAP llevó a Johnson a Postdam, al encuentro de los jóvenes del partido, el Reishsjugendtag, que tuvo lugar en octubre de 1932 y que culminó con la apoteósica aparición de Hitler en el escenario, clamando por una nación alemana capaz de enfrentarse al mundo (Lamters, 2018). Unos años después, en su desvarío radical, Johnson llegó a calificar de “espectáculo conmovedor” el bombardeo de Varsovia por las fuerzas alemanas. 

Pero, a partir 1941, con la entrada en la guerra de Estados Unidos, Johnson intentaría quitarse de encima su debilidad nacionalsocialista y reconstruir su figura pública con una vestimenta más presentable. Su apoyo a arquitectos como Frank Gehry (de origen judió), o su relación con el político israelí Simon Peres, contribuyeron a ello en una sociedad norteamericana dispuesta a perdonarle cualquier cosa. A pesar de todo, incluso en los años sesenta, Johnson comentaba, a quien quisiera escucharle, que Hitler había sido un gobernante de más talla que Roosevelt.

II

Como Johnson vivió casi cien años le dio tiempo a todo, incluso a proyectar (o, al menos, firmar) algún proyecto en España,  de manera que entre 1989 y 1996 se construyó en Madrid el edifico Puerta de Europa, más conocido como las torres KIO, las torres gemelas más altas de la península. El proyecto, ideado por Johnson y Burgee, fue un encargo de la Kuwait Investment Office (KIO), un nombre unido en aquellos años de dinero fácil al del empresario Javier de la Rosa, famoso por sus manejos financieros y sus poco recomendables amistades políticas.

El edificio se levantó en el lado norte de la plaza de Castilla, hasta hacía no mucho tiempo un descampado entre el Bernabéu y las antiguas casas de los trabajadores de la EMT. Sin embargo, no puede decirse que la plaza mejorase mucho con los añadidos que fue coleccionando: ni el intercambiador de transporte público, ni el edificio de los juzgados ni las torres KIO han podido mitigar su aspecto desangelado.

El monumento a Calvo Sotelo en la plaza de Castilla, con el edificio de Johnson y Burgee al fondo. Creative Commons, CCBY2.0. Jessica Gardner, 2006.
El monumento a Calvo Sotelo en la plaza de Castilla, con el edificio de Johnson y Burgee al fondo. Creative Commons, CCBY2.0. Jessica Gardner, 2006.

Lo que seguramente nunca llegó a imaginar Johnson es que este edificio le haría la competencia al emblemático monumento en honor de José Calvo Sotelo, ministro de la Dictadura de Primo de Rivera e impulsor de un indefinido proyecto de corporativismo fascista. Como es sabido, el que fuera líder de Renovación Española, fue asesinado en julio de 1936, pocos días antes del golpe de estado en el que había participado como conspirador.

A finales de los años cincuenta se levantó el monumento a su memoria por su condición de “mártir de la Cruzada”. El conjunto monumental fue concebido por el arquitecto Manuel Manzano-Monís e incluía la célebre escultura de Carlos Ferreira ​. El miércoles 13 de julio de 1960, el periódico de Barcelona, La Vanguardia (Española) explicaba en su primera página, junto a una espectacular fotografía de Campúa, el sentido (profundo) del acto que presidiría Franco ese día:

“Este monumento a José Calvo Sotelo, que hoy ha de ser inaugurado en Madrid, dará testimonio permanente del fervoroso homenaje que el pueblo de España rinde a un gran español. Grande por el amor y la elevación espiritual con que sirvió a su Patria y aún mayor por el martirial holocausto que puso término a su vida” (La Vanguardia, 13 de julio de 1960).

III

En estos últimos tiempos, del mismo modo que se denuncia el comportamiento reprobable de personajes como Philip Johnson, una parte de la opinión pública considera esas revelaciones como una muestra de debilidad hacia una “cultura dominante” que no tiene en cuenta el contexto en que sucedieron las cosas, un mal síntoma  de eso que se conoce como “pensamiento políticamente correcto”. A fin de cuentas, argumentan, no se pueden juzgar las cosas de antes con los criterios de ahora. Es cierto que descubrir de pronto esas sombras en una figura del pasado no puede dejar de lado sus virtudes arquitectónicas o artísticas, pero no está tan claro que Johnson las tuviera. 

Lo que sorprende no es que se descubra en Johnson a un personaje siniestro. Aunque gran parte de la arquitectura racionalista quiso desarrollar (con discutible acierto) viviendas asequibles para un mundo nuevo, la preocupación de Johnson nunca fue otra cosa que un ejercicio de estética formalista. Como se ha señalado Lamster, a pesar de los vaivenes de sus posiciones políticas, hay en su trayectoria una constante que no es otra que desposeer a la arquitectura de cualquier función social (Lamster, 2018). 

Referencias

Johnson, Philip y  Henry-Russell Hitchcock, ed. (1932) Modern Architecture. International Exhibition. Nueva York, Museum of Modern Art.

Hickman, Matt. (2020) “Harvard will remove Philip Johnson’s name from Cambridge home that he designed as graduate student” en The Architect’s Newspaper, 8 de diciembre de 2020.

Lamster, Mark (2018). The Man in the Glass House: Philip Johnson, Architect of the Modern Century. Little Brown.

Saval, Nikil. (2018) “Philip Johnson, the man who made architecture amoral”, en The New Yorker, 12 de diciembre de 2018.

Varnelis, Kazys, ed. (2008) The Philip Johnson Tapes: Interviews by Robert A.M. Stern. Nueva York, Monacelli Press.

Varnelis, Kazys. (1995) “We Cannot Not Know History: Philip Johnson’s Politics and Cynical Survival”, en Journal of Architectural Education, vol. 49, nº 2, noviembre de 1995. 

Wortman, Marc. (2016) “Famed Architect Philip Johnson’s Hidden Nazi Past”, en Vanity Fair, 4 de abril de 2016.

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