Si la vitalidad de la tipografía en América Latina pudiera medirse de alguna manera, la Bienal Tipos Latinos sería un buen termómetro. Cada una de las ediciones de Tipos Latinos –que reúnen una selección de las fuentes más representativas del momento–, tienen lugar en numerosas ciudades de la región, y, en paralelo a las exposiciones, se llevan a cabo diversas actividades como charlas y talleres.
En un principio fue la Bienal Letras Latinas, organizada por la revista tipoGráfica, que durante 20 años fue una publicación central en lo que refiere a Tipografía y Diseño. La primera de estas bienales tuvo lugar en 2002 y, debido al éxito de convocatoria, se materializaron luego las Bienales de 2004 y de 2006. A partir de 2008, la Bienal pasó a llamarse Tipos Latinos y, bajo esta nueva denominación, continuó su expansión en América latina, sumando nuevos países adherentes. Actualmente está conformada por 12 países: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, El Salvador, México, Nicaragua, Perú, Uruguay y Venezuela. Participan de la Bienal fuentes tipográficas de autoría latinoamericana, así como trabajos de diseño que incorporen de manera significativa fuentes de origen regional.
El germen de las bienales puede encontrarse en un expandido interés por el diseño tipográfico a principios de este siglo, en concordancia con la disponibilidad de las herramientas digitales que hicieron factible su producción en la región. Sería oportuno recordar también al colectivo T-convoca en el cual confluyeron profesionales, docentes y estudiantes de diversa extracción, cuyo objetivo era compartir conocimientos y experiencias en torno a esta temática. Este ciclo contó con decenas de encuentros en Buenos Aires, compuestos mayoritariamente por conferencias, y también por clínicas de diseño de fuentes.
A partir de 2010 las bienales se sucederían cada 2 años, interrumpidas en 2020 con motivo de la pandemia de Covid-19, para retomar en 2022 y luego la actual, 2026. En esta ocasión la sede de la jura fue Quito, Ecuador. Se recibió una cifra récord de trabajos para ser seleccionados, diseñados entre octubre de 2022 y septiembre de 2025. El jurado que realizó la selección estuvo compuesto por Yani Arabena, de Argentina; Yorlmar Campos, de Venezuela; Iván Castro, de El Salvador; Fermín Guerrero, de Uruguay y Vanessa Zúñiga Tinizaray, de Ecuador (país sede de la jura).
Las categorías en las que se subdivide esta impresionante muestra son las siguientes: Título, Texto, Superfamilia, Manuscrita, Miscelánea, Emergentes y Diseño con fuentes. Vale aclarar que la categoría Emergente engloba a trabajos realizados por estudiantes o por quienes recién se inician en el diseño de tipografías. Por otra parte, la categoría Diseño con fuentes, surgió oportunamente a raíz de la cantidad de proyectos de diseño que comenzaron a utilizar fuentes diseñadas en América Latina.
En cada edición de la Bienal se suman nuevos exponentes del diseño tipográfico en América Latina, al tiempo que nos reencontramos con diseñadores y diseñadoras de gran prestigio y trayectoria.
Entre los seleccionados por el jurado de TL2026 es posible encontrar una mayoría de proyectos individuales aunque también es llamativa la cantidad de tipografías diseñadas en forma grupal, tal el caso de Fausto, Obra, Mex’UK, Banco da Amazônia, Flamin’Hot, NeoPol Superfamily, entre otros.
Encontramos tipos corporativos que fueron comisionados por instituciones, como el caso de la familia desarrollada para el Banco da Amazônia (por el estudio de Fabio Haag). O proyectos comerciales, como por ejemplo Crackets, diseñada para productos de la empresa Pepsico.

En cuanto a las tendencias lo que existe una gran amplitud estética. No predomina un estilo específico, el denominador común de la producción tipográfica latinoamericana es su origen. Sin embargo, aún se debate si el diseño tipográfico latinoamericano es portador de un sello singular, diferenciado de lo que se produce en otras latitudes, si sobrevuela en estas fuentes un «sabor latino». Se trata de una producción ciertamente heterogénea, vital, original. Por otra parte, cada categoría propone características diferenciadas: en el caso de las fuentes para texto –pensadas meticulosamente para funcionar en cuerpos de lectura–, podríamos encontrar tipos inspirados en modelos históricos o bien, por el contrario, fuentes que apuestan por la innovación, con altos estándares de legibilidad. Mientras que en una categoría como Experimentales, lo que cobra relevancia es el grado de audacia visual, sin que la legibilidad constituya un factor determinante.
La tarea que realiza el jurado de Tipos Latinos es crucial. Por una parte, porque establece un umbral de calidad de la muestra. Por otra parte, y en base a rigurosos criterios de selección, establece el número de proyectos podrá ser exhibido convenientemente en distintas salas de ciudades de América Latina.
Entre las fuentes de Texto seleccionadas destaca Steppenwolf, una familia romana, que obtuvo una mención de excelencia, diseñada por Sergio Leiva Whittle. Niebla, de Oscar Guerrero Cañizares, que si bien asume como punto de partida los modelos venecianos se expresa con una geometría claramente contemporánea. Lebeque, de Alfonso García, basada en modelos históricos. Entre las tipografías de texto de palo seco, Fritas, con una conjunción de elementos geométricos y terminales humanistas, y Obra, de autoría colectiva, diseñada para el Museo de Arte contemporáneo de la Universidad de Chile.
Para la categoría Títulos –que es la que condensa la mayor cantidad de tipografías–, el jurado seleccionó 24 trabajos. En este grupo, las formas ganan en expresividad y gozan de una mayor libertad formal. Muchos de estas fuentes merecen ser destacadas, aunque nos limitaremos a mencionar algunas, como Feline, de Maximiliano Sproviero, que obtuvo una mención de excelencia; la notable Ombú, de Carolina Giovagnoli; la tropical Cajueira, de Sofía Mohr; Artesana, de Amparo Guindón Pellegrin; Varietta, de Alejandro Paul o RST Silvestre, de Avril Ponce de León.







La categoría Superfamilia incluye a aquellos proyectos que cuentan con varios estilos, ya sean familias seriales, con diversidad de variables o de sistemas de escritura. Son trabajos monumentales, que requirieron una gran dosis de energía en su ejecución. Citemos, por ejemplo, Nahor, de Henrique Leme; RST Thermal, de Fernando Díaz; Neopol Superfamily, de Pedro Medina Leandy y Tural Alisoy; Kukulkan Sans, de Raúl Plancarte; Legi, de Fernando Mello; Calia, de Fernando Pujolá, o Partner, de Alejandro Paul.
La categoría Manuscrita, en la cual prevalecen las características caligráficas, cuenta con 4 proyectos seleccionados por el jurado, entre los que se encuentra Venganza, segunda mención de excelencia para Maximiliano Sproviero (quien además presenta Bestia en este mismo grupo), mientras que los otros 2 proyectos son Betania Patmos, de Carolina Giovagnoli –que consiste en un modelo tipográfico para la enseñanza de la lectoescritura–, y Lóbulo, de Oscar Guerrero Cañizares.
Entre los 6 trabajos seleccionados para la categoría Experimental, quisiera mencionar Vivienne, de Fer Cozzi, y el proyecto que lleva el mismo nombre que la categoría, Experimental, de Fernando Díaz,
Otra categoría, aunque menos poblada, es Miscelánea, compuesta por proyectos con diseño de signos no alfabéticos, pictogramas o íconos, que expone sólo 3 proyectos seleccionados, entre los que destaca Tuki, de Manuel López Rocha.
Una categoría que de algún modo muestra la creciente calidad y la convocatoria de la tipografía regional es, justamente, el que está compuesto por trabajos no profesionales, o de estudiantes, con proyectos como Nerina, de María Constanza Gualdoni; Dornick, de Marcelo Biacchi, o Ayora, de Santiago Calle Álvarez.








Para esta bienal de 2026, se recibieron 768 proyectos, provenientes de 15 países de la región, de los cuales el jurado tuvo la compleja tarea de elegir 75. Esta selección es la que integra la muestra itinerante ya en marcha en distintos países de América Latina. La presencia de diseñadores y diseñadoras de algunos países se ha ido consolidando con los años, con una producción permanente expresada en las tipografías seleccionadas, mientras que otros países comienzan a emerger con proyectos meritorios. Tal es el caso de Puerto Rico, que incluyó, por primera vez, un trabajo en la muestra.
De algún modo, el pulso de la tipografía en América Latina podría medirse mediante estadísticas cuantitativas; lo cierto es que la mejor forma de comprobar su crecimiento –no sólo en términos cuantitativos sino cualitativos–, es visitar la Bienal en alguna de las ciudades en donde se exhibe, o disfrutar de la misma a través de su sitio en línea.






