Proteger y cuidar: diseño para MONDIACULT 2025
En septiembre de 2025, UNESCO y el Ministerio de Cultura de España celebraron en Barcelona la tercera Conferencia Mundial sobre Políticas Culturales y Desarrollo Sostenible, conocida como MONDIACULT 2025, el mayor encuentro global dedicado a la política cultural.
Siguiendo una tradición que vincula diplomacia cultural y experimentación arquitectónica, el evento encargó el desarrollo de un nuevo dispositivo espacial y gráfico capaz de transformar los espacios congresuales del Centro de Convenciones Internacional de Barcelona (CCIB).
El resultado es más que una intervención efímera, sino una toma de posición: un proyecto que sitúa el cuidado en el centro del diseño.
La suavidad como estrategia
En un contexto marcado por el cambio climático y los conflictos armados —que amenazan cada vez más el patrimonio arquitectónico—, la propuesta plantea una lectura alternativa de la protección.
Más allá de las políticas institucionales, el diseño reconoce el papel de comunidades locales, civiles y agentes no humanos en la conservación del patrimonio. Frente a la rigidez habitual de los dispositivos institucionales, introduce una idea poco habitual en este tipo de eventos: la suavidad como valor cultural.
Grandes textiles acolchados recorren el espacio, envolviendo la sala principal del edificio. Su presencia remite a estrategias de protección civil —como las utilizadas frente a bombardeos— y genera una atmósfera que oscila entre lo doméstico y lo arquitectónico.
Intercalados entre estas superficies, pequeños ecosistemas vegetales crean zonas de pausa y refugio, en diálogo con prácticas mediterráneas de conservación.

Control del daño: proteger desde lo cotidiano
A lo largo de la historia, la protección del patrimonio no ha sido solo una tarea institucional. En múltiples contextos, la ciudadanía ha recurrido a soluciones improvisadas para salvaguardar edificios y monumentos.
Materiales blandos como colchones, textiles o sacos de arena han demostrado su eficacia para absorber impactos y fragmentación. Durante la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, se levantaron muros de sacos de arena alrededor de la catedral de San Pablo en Londres, mientras que en Italia se protegieron frescos y monumentos con capas de materiales orgánicos.
Más recientemente, escenas similares se han repetido en ciudades como Mostar, Kyiv o Alepo, donde estructuras históricas fueron cubiertas con materiales flexibles para mitigar daños.
El proyecto para MONDIACULT 2025 recoge esta tradición y la traslada a una escala arquitectónica contemporánea. En el interior del CCIB, la circulación se organiza a través de grandes superficies de colchones, mientras que en el exterior, piezas suspendidas actúan como elementos de bienvenida.
El patrón de estas superficies se integra con la identidad gráfica del evento: una tipografía que se deforma, se pliega y se ondula, convirtiendo la gráfica en una topografía táctil.

Desafíos estructurales
La escala de la intervención implica importantes retos técnicos. En el interior, los colchones y textiles acolchados cubren distancias de entre 10 y 14 metros; en el exterior, cuelgan desde alturas de hasta 9 metros, expuestos al viento marino.
Dado que no pueden anclarse a la estructura del edificio, se diseñó un sistema de doble cimentación no invasiva, compuesto por ruedas de carga pesada y depósitos de agua de látex rellenos con agua freática.
En algunos casos, estos mismos depósitos funcionan como bancos, adaptándose al cuerpo de los usuarios y reforzando la dimensión experiencial del proyecto.
Coexistencia: naturaleza como infraestructura
Si los textiles extienden la protección del cuerpo a la arquitectura, la vegetación introduce una dimensión ecológica fundamental.
Las plantas actúan como infraestructuras vivas capaces de mitigar efectos del cambio climático: estabilizan suelos, regulan temperatura, generan sombra y humedad. En distintos sitios patrimoniales del mundo, su integración forma parte de estrategias activas de conservación.
En esta intervención, los textiles se perforan para albergar pequeñas islas vegetales compuestas por especies como lentisco, esparto, tamarisco, olivo silvestre y palmera datilera, presentes en enclaves históricos del Mediterráneo.
Estos elementos no solo aportan biodiversidad, sino que transforman la conservación en un acto de cohabitación entre lo humano y lo no humano.

Una segunda vida para los materiales
El proyecto incorpora también una reflexión sobre el ciclo de vida de los materiales. Gran parte del mobiliario y los elementos producidos han sido concebidos para ser reutilizados tras el evento, apoyando iniciativas culturales en distintas partes de España.
Asimismo, el agua utilizada en el sistema estructural será recuperada para su uso en la ciudad de Barcelona, minimizando el impacto ambiental de la intervención.
Un diseño que cuida
Con una superficie total de 3.000 m², la intervención para MONDIACULT 2025 plantea una idea de diseño que se aleja de la espectacularidad para situarse en un territorio más sutil: el del cuidado.
Un diseño que protege, acompaña, y que no busca permanencia formal, sino continuidad vital.
Créditos del proyecto
Diseño: Lluís Alexandre Casanovas Blanco (@lluis.alexandre.casanovas), Paula Chalkho / Murray (@hola_murray)
Diseño gráfico: Paula Chalkho Murray
Equipo de diseño: Irene Domínguez, Sofía Marciel, Inés González Paradela
Motion graphics: Holke (@holke79), Peter Cobo (@petercobo)
Sonido: Jorge Haro (@jorge_haro_studio)
Estructura: Jorge López Hidalgo / Vian Studio
Contratistas: Central de Projectes, Metada, Eix Jardiner, GWC
Cliente: Ministerio de Cultura (Gobierno de España), UNESCO
Superficie: 3.000 m²
Fotografía: José Hevia



