La tecnología va sustituyendo el espacio de la experiencia de lo cotidiano; se va agilizando y acercando al tiempo de desactivar el mundo que conocemos, que paradójicamente hemos creado. La pregunta sería si hemos creado un monstruo como el imaginado por Mary Shelley, en el que el doctor Frankenstein perdió el control. La técnica siempre ha sido entendida como medio o solución, mientras que en nuestro tiempo ha pasado a ser un fin en sí misma, anulándose paulatinamente el control humano y convirtiéndose en un artefacto controlador e incontrolado.
Parafraseando a Eric Sadin, hay sistemas de ingeniería capaces de desviar comportamientos o también facultades diversas —creativas o intelectuales— mediante una externalización de aptitudes ante la realidad, condicionando nuestra libertad o las relaciones entre las personas, basadas en la intimidad, la personalidad y la singularidad, hasta amordazar nuestro sentido de representación ante el mundo. Según Eric Sadin, está en juego el destino de nosotros mismos.
Las capacidades intelectivas, así como las artísticas, desde el diseño contemplan corrientes dirigidas a la capacidad subjetiva, la imaginación y su desarrollo a partir de la experiencia de lo sensible. Estos sistemas anulan la capacidad de acción. Aquí hay un cambio más, o bien un relevo, que conduce hacia una renuncia potenciada y manejada con mucha sutileza, que busca “el olvido” de aquello que es idiosincrático para la sociedad, pero aún más para el diseño, sensible y atento al sentido del pasado y del presente, configurando el futuro de las cosas. Según E. Sadin: “…a largo plazo, hasta el olvido de aquello que nos constituía con total propiedad”. La patología del utilitarismo ante el surgimiento de la IA generativa nos muestra en qué nos hemos convertido.
Parece que, en esta situación, puede entenderse que hemos llegado a un cansancio por parte de todas las profesiones creativas debido a la misma acción concurrente en el espacio del diseño, donde estas profesiones —diseñadores industriales, gráficos, arquitectos, etc.— caen en la melancolía occidental: (En el entorno contemporáneo del diseño existe una corriente crítica frente al determinismo tecnológico. Esta perspectiva busca replantear las bases del pensamiento del diseño ante las dinámicas del sistema actual).
La tecnología irá tomando un carácter más antropomórfico, elaborándose un artefacto o dispositivo más cercano al cerebro humano, aunque a lo largo de la historia el hombre ha intentado sustituir y conformar las cosas y los objetos a su idiosincrasia y a la idoneidad de sus condiciones físicas y materiales, así como a las de los productos que utiliza (En el libro Incidencia y reflexión en torno al diseño de producto, en el capítulo referido al hombre de palo).
Quizá, en el diseño, está constatándose que, al utilizar los medios digitales, parece que los diseñadores manifiestan actitudes de desengaño o también de vaciedad; quizá añoren la actividad en el espacio real, procedente de lo creado sin asistencia de artificios digitales, donde, desde la experiencia y su complejidad, interviene el alma como principio que da forma y organiza el dinamismo vital, sensitivo e intelectual.
Pero, mediante procesos automáticos, parafraseando a Eric Sadin, somos “inducidos hacia la acumulación de datos…”, indagando en la experiencia apoyada por lo sensible y en la búsqueda de datos para dar sentido humano a las propuestas. Sin embargo, estas serán ficticias, y los procesos estarán cada vez más dirigidos, “…entablando un diálogo que, aunque parezca real, está carente de verismo”.
Este uso, ya inserto en las empresas y en los estudios de proyectación, va contribuyendo a borrar todo don creativo, prístino e innato de nuestra profesión (realizado por humanos), estableciendo unos ritmos y cadencias repetitivas. La superación de los problemas queda imbricada en un conjunto de dialécticas diversas.
Antes de aventurarse en esta situación compleja, que nos plantea una dicotomía entre las últimas tecnologías y lo que consideramos real, habría que ser polifacético, con una intención holística que excluya el reduccionismo algorítmico de los procesos, donde la tecnología sea una herramienta más, pero no definitiva. La inteligencia artificial generativa puede articular, mediante la palabra y el verbo, oraciones, definiciones, propuestas icónicas, funcionales y productivas, etc.; pero estas no son infinitas y deben iniciarse desde la experiencia del ser humano.
Foucault estudió e investigó las distintas formas de poder, que quizá siguen latentes, “observando las correlaciones, persistencias y continuidades históricas”. Hoy esto hace que todo proyecto se enlace a esas persistencias, que muchas veces son mutables y terminan convertidas en normativas.
Se han detectado en las universidades mecanismos de sometimiento “sistemáticos ocultos”, encontrando formas de domesticación. Pero esto también estuvo presente en el movimiento moderno, como en la idea de “la casa como máquina de habitar” de Le Corbusier, que buscaba una mayor eficiencia en los recorridos en automóvil entre las residencias de los trabajadores y los centros de trabajo.
Estas persistencias, rentables para las empresas, se materializan en la arquitectura y el diseño. Desde este contexto, la tecnología ha adquirido una importancia casi religiosa, potenciando este fenómeno y creando, de alguna forma, un sistema no abierto, sino normativo. Este sistema, máquina imponente, sublime e impactante, conocido como inteligencia artificial y, más extensamente, como inteligencia artificial generativa, produce una cierta regimentación creativa en el diseño, en las representaciones y en los nuevos comportamientos proyectuales. Se trata de un comportamiento pasivo y receptivo, acordado dialécticamente entre el diseñador y la IAG.
Pero, como dice Eric Sadin: ¿se han preguntado ustedes cómo funcionan estos sistemas? Contestando a esta pregunta habremos tomado conciencia de sus “habilidades” alienantes, donde un mimetismo repetitivo y estandarizado influirá en la práctica y la teoría del diseño. Creo que los profesionales del diseño no deberían alienarse ni aceptar sin más este nuevo sistema subordinado a las “apisonadoras de la estandarización”.
La técnica siempre ha sido entendida como medio o solución, mientras que en nuestro tiempo la tecnología ha pasado a ser un fin en sí misma, anulándose paulatinamente el control humano y convirtiéndose en un artefacto controlador e incontrolado.
Bibliografía
Sadin Eric. El desierto de nosotros mismos. Caja negra editora Buenos Aires 2026
Valéry Paul. Tesis formulada por en sus lecciones del Collège de France.
Aznar, Chema: Incidencia y reflexión: pensamiento en torno al diseño de producto Ed. Experimenta Madrid 2025.









